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Congele sus relaciones con Ecuador... Grace Jaramillo, analista internacional

La expulsión de la embajadora de los Estados Unidos, Heather Hodges, el pasado 5 de abril, plantea una serie de interrogantes sobre el futuro de las relaciones entre Ecuador y el país norteamericano. La analista internacional, Grace Jaramillo, trata el tema.

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La medida diplomática fue la reacción del gobierno ecuatoriano ante el contenido de un cable de Wikileaks. Se trata de unas declaraciones, atribuidas a Hodges, que hacen referencia a la corrupción de la cúpula policial ecuatoriana. Tras la expulsión, EE.UU. tomó una medida recíproca y declaró persona no grata al embajador ecuatoriano Luis Gallegos. Igual que ocurriera con Hodges en Ecuador, se pidió al Embajador Gallegos que abandonara el país inmediatamente.
Las implicaciones van mucho más allá de la anécdota y rebasan el ámbito de lo personal (Hodges es la representante del gobierno estadounidense y no se puede separar su figura de su gobierno, ha aclarado EE.UU.).
La diplomacia ecuatoriana ha intentado bajar el nivel de las aguas, pero la analista internacional Grace Jaramillo, cree que es posible que EE.UU. “congele las relaciones con Ecuador”.

¿Cómo se puede interpretar la reacción del gobierno ecuatoriano frente a contenido del cable de wikileaks?

Los cables wikileaks sobre el Departamento de Estado salieron a la luz en noviembre del 2010 y desde entonces provocaron una serie de mini-crisis diplomáticas con países clave para Estados Unidos, desde Rusia, hasta China, pasando por Brasil, Argentina, México y por supuesto muchos países aliados de Estados Unidos en Europa.
Es posible que EE.UU...
En todos los casos, los cables ponían en evidencia un análisis y percepciones de los oficiales diplomáticos estadounidenses sobre los líderes y funcionarios del país donde se originaban. Y a veces esas afirmaciones eran por lo menos temerarias. Recordemos que uno de los cables emitidos en Moscú acusaba a Vladimir Putin de prácticamente dirigir la mafia rusa. En el caso de México fueron acusaciones de corrupción contra el ejército e ineficiencia en el control del tráfico de estupefacientes. En este marco es que hay que entender el cable que causó la crisis diplomática en el Ecuador. En efecto, los criterios emitidos son graves, pero no hay que perder de vista que son eso: criterios personales del oficial a cargo de un país.
Sobre la reacción del gobierno ecuatoriano, creo que tomó la opción diplomática más drástica, del menú de opciones posibles.

¿Fue una reacción apresurada, en términos diplomáticos?
De lo que sabemos, tanto la embajadora Hodges como el subsecretario Valenzuela pidieron tiempo al gobierno ecuatoriano para responder y darles las explicaciones necesarias. No obstante, antes de que ellos pudieran dar una respuesta, ya se declaró a la embajadora persona non grata. Eso lastima mucho más la relación porque cerró el canal abierto por Valenzuela abruptamente sin explicaciones. Por otro lado demostró que es mucho más importante para el gobierno ecuatoriano solucionar el problema ante micrófonos que con el gobierno con el cual se tuvo el impasse. Cuando hacemos este tipo de cosas, me refiero a acciones diplomáticas drásticas o poco amistosas perdemos soberanía. En verdad el efecto es contrario a lo que se quiere conseguir y le explico porqué. Dado que vivimos en un mundo asimétrico, al final todos necesitamos en algún momento determinado del apoyo de una potencia económica como EE.UU. Cuando más necesitados estemos de este apoyo, es cuando países como EE.UU. podrán reclamar con creces en la mesa de negociaciones los golpes de mesa que hemos dado en el pasado. En este caso, volver a la mesa de negociaciones u obtener la aprobación estadounidense para algún crédito en el futuro nos costará concesiones y tal vez muchas. Este es un juego de largo plazo. La dependencia es una realidad en relaciones internacionales y de nosotros depende que esa dependencia ó se agudice o se convierta en interdependencia. Es decir en un escenario de mayor autonomía para el país.
Es posible que EE.UU...
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Es necesario aclarar que después de más de 250.000 cables, el Ecuador es el primer país y el único en declarar persona non grata al embajador estadounidense por causa de lo que se dice en ellos.

El frente diplomático ecuatoriano ha aclarado que la medida se tomó contra la embajadora Heather Hodges y no contra el Gobierno de los EE.UU. ¿Se puede plantear una separación así?

Para todos los fines, la embajadora Heather Hodges, aún en el supuesto de que pertenezca al ala derecha del Partido Republicano, era considerada la legítima representante del pueblo de los Estados Unidos en el Ecuador y por tanto la única representante del presidente Obama para todo lo que tiene que ver con las relaciones internacionales contra los dos estados.

El canciller Ricardo Patiño ha dicho que esto no significa “ni una crisis, ni una guerra”. Pero la expulsión de una embajadora parece ser la medida más drástica en el orden diplomático…

En efecto, es la medida más drástica, solo pensable en el caso de una guerra. Para ponerlo en perspectiva, pensemos que durante la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra mantuvo su embajador en Alemania, y Alemania el suyo en Rusia, precisamente porque había cuestiones más importantes de por medio. Además, en las relaciones entre los estados, los precedentes siempre cuentan. Y este caso no es la excepción. Ningún estado, ni siquiera países poderosos como Rusia o China tomaron acciones de esta naturaleza ante las críticas y acusaciones vertidas en los cables. Estos dos países son estratégicos para los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos y por tanto cualquier movimiento de ellos genera precedentes para los demás. Ya que ninguno de los dos tomó medidas tan drásticas, es muy posible que Estados Unidos opte por congelar la relación con el Ecuador al menos por los próximos dos años, ya que no representamos una prioridad estratégica ni en materia de seguridad ni en materia comercial. Es muy posible que Washington decida retirar todo tipo de cooperación para el desarrollo, y que solo deje lo mínimo posible en temas de narcotráfico. Además hay que tomar el contexto en que se tomó la decisión.

¿Cómo pueden leerse las declaraciones del presidente Rafael Correa, quien afirmó que siempre vio a Hodges como una persona contraria al gobierno?
Es necesario diferenciar también las percepciones que la embajadora pueda tener favorables o no al gobierno y las políticas reales que tuvo Washington con el Ecuador, como la visita de Hillary Clinton, de congresistas demócratas y de Arturo Valenzuela aún después de que emitió el cable que causó la crisis.

El Vicecanciller, Kintto Lucas, declaró en una entrevista que esta medida constituye un “sinceramiento” de las relaciones entre ambos países. ¿Cómo debe entenderse esa frase?
No sé a qué puede referirse el Vicecanciller. Creo que todos sabemos que Estados Unidos es la potencia económica, política y militar más grande del planeta y que siempre –históricamente- ha tenido intereses en América Latina, santos y no tan santos. Creo que esto siempre estuvo claro, desde la era de la United Fruit Company y la Standard Oil hasta la era de la doctrina de seguridad nacional y las juntas militares de derecha. Sin embargo, lo que no está claro es que la Guerra Fría se acabó y muchos de los intereses que tenía Estados Unidos en América Latina están ahora puestos en otros continentes, especialmente en Medio Oriente.
Las prácticas de EE.UU. no difieren mucho de las de Rusia o China. En conjunto son estas prácticas las que hacen la hegemonía, no sólo un país.

La posición de la diplomacia ecuatoriana es que el honor del presidente Correa es más importante que los tratados comerciales. ¿Cómo se lee desde fuera una declaración así?
Bueno desde fuera es problemático entenderlo. La política exterior es una relación entre estados, no exclusivamente entre mandatarios. Es difícil pensar en un caso pasado o presente donde se haya personalizado tanto una relación y donde las excusas para hacerlo se personalicen de la misma manera. No se trata solamente de tratados comerciales, sino de una integración económica que no puede ser deshecha de la noche a la mañana. Poniéndolo una vez más en perspectiva, de los 192 países del globo es posible que más de 130 países tengan a Estados Unidos como uno de sus primeros socios comerciales. La economía política internacional tiene que ver con estructuras no con agentes individuales, por más importantes que sean.
Es posible que EE.UU...
No ha habido casos similares en el pasado. Solo pensemos en la Guerra Fría y vemos que nunca EE.UU. expulsó al Embajador ruso, ni siquiera en la crisis de los misiles. El gobierno estadounidense pensaba con razón que su presencia en Washington era clave para resolver el impasse y obtener resultados satisfactorios. El CEPR es un centro de análisis o think tank como cualquier otro en Washington. Es parte de los movimientos anti-globalización y anti-libre comercio. Está en su derecho de emitir sus propios comentarios y evaluaciones de la situación. Todos los que analizamos la realidad tenemos unos lentes distintos para mirar los problemas. El mío es la economía política internacional.

El canciller Ricardo Patiño ha expresado su preocupación por el hecho de que Estados Unidos tenga acceso a información “tan interna”. En términos diplomáticos ¿es éste el tipo de información que manejan las embajadas en distintos países?
El problema es el tipo de relación que históricamente hemos mantenido con Washington. El gobierno de los Estados Unidos ha proporcionado una importante ayuda económica, financiera y logística a la policía en la lucha contra el narcotráfico y por ende, ha exigido como contraparte un flujo de información sobre lo que pasa con esos procesos y con su dinero. Esa injerencia interna se podría evitar si el estado ecuatoriano pudiese pagar por sí mismo todos los costos de la tecnificación de la policía y sus necesidades logísticas. También se podría evitar si hubiese una clara cadena de mando y una institucionalización de esas políticas de cooperación con un poco menos de inestabilidad política.
El gobierno de EE.UU. ha dicho que superar esta crisis tomará mucho tiempo. ¿Cuáles deben ser ahora los pasos del gobierno ecuatoriano?
No me atrevería a decir los pasos que tiene que hacer el gobierno ecuatoriano. La política exterior se ha hecho a puerta cerrada, más en Carondelet que en el Palacio de Najas, así que es difícil hacerlo. Lo que sí es necesario decir es que ésta es una oportunidad para hacer un mea culpa de cómo estamos llevando las relaciones internacionales con todos los países. Primero, tenemos una política exterior excesivamente personalista y no discutida ni consensuada ni siquiera entre actores del mismo gobierno. Lo segundo deriva de lo primero: no hay una sola voz. Lo que dice el Canciller no coincide con lo que dice el Vicecanciller ni lo que dicen las ministras coordinadoras. Y todos hablan sobre política exterior, cuando sólo debería hacerlo el Presidente y el Canciller. Tercero, no hay una comprensión real de las relaciones internacionales en el mundo de hoy, sin Guerra Fría y sin marines en las costas de ningún país de América Latina.

El gobierno necesariamente va a tener que esperar y ser paciente. Pero sobre todo generar signos claros que señalan a Washington que está listo para retomar las relaciones. Si se retoman conversaciones éstas no tendrán el mismo nivel de confianza, pero podrán generar un camino para limar diferencias. Tal vez tendremos que esperar hasta después de la campaña presidencial estadounidense que culmina en noviembre del 2012.

¿Cuáles son las consecuencias de la salida del embajador Luis Gallegos?
Hay dos consecuencias serias. La primera es la pérdida del máximo representante de nuestros intereses en Washington. Y la posibilidad de mantener relaciones al más alto nivel en ese país. Lo segundo es que es tal vez el embajador que más tiempo ha pasado asignado a esta posición en las últimas décadas. Y, aparte de sus cualidades personales y su capacidad de gestión, esto le ha abierto muchas puertas que serían imposible de reabrir.
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