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Jueves, 17 de Mayo 2012

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Japón

¿Y después del terremoto qué?

Antes de que ocurriera el desastre del 11 de marzo, la economía japonesa venía entrando en su tercera década perdida. Los pronósticos que se hacían sobre el futuro de aquel pujante Imperio del Sol Naciente de los años 80, no eran positivos. Mucho se ha comentado de que en japonés la palabra crisis se escribe con dos ideogramas o símbolos: peligro y oportunidad.

¿Podrá Japón sacar lecciones positivas y dar un nuevo brío a su economía a partir del terremoto y tsunami que lo devastó? Es posible, dicen los entendidos, siempre que la gerontocracia y el empresariado de la isla entiendan el giro globalizador que ha tenido la economía mundial, de la que Japón se había quedado abajo.

En la región de Sendaj, en medio de las réplicas, ya han comenzado a retirar los escombros y el barro de las calles. Algunas de las al menos 500 fábricas de ensamblaje y autopartes que se paralizaron por los destrozos del tsunami están reanudando sus ciclos de producción. No obstante, el tema pendiente y el que más preocupa al japonés común es el alcance real que tendrá la fuga radiactiva de la central nuclear de Fukshima, por la contaminación y por las necesidades de energía.

El doctor en economía internacional de Oxford Jean Pierre Lehmann explica desde Suiza a "Poder&Negocios" que, hasta antes del terremoto, la economía japonesa no había logrado recuperarse de la burbuja inmobiliaria y financiera que explotó en 1991.

"En los ´80 ocurrió el llamado milagro japonés y culminó con el desarrollo de esa industria. Pero se creó una burbuja inmobiliaria y del mercado de valores que estalló en 1991, dejando enormes deudas y muchos bancos se fueron a la quiebra...lo de siempre en la crisis", recuerda Lehmann.

A juicio del economista del IMD de Lausanne, hubo tres aspectos que han llevado a que la potencia asiática continuara en un declive económico.

Japón

La miopía
Japón

Lehmann estuvo viviendo en Japón a comienzos de los años 90. Recuerda que cuando conversaba con el empresariado sobre el despegue que empezaba a manifestar la economía china, ellos no lo veían o no lo tomaban en serio.

Tatsuya Hori, ingeniero de 44 años, explica que en Japón siempre se ha mirado en menos a los vecinos asiáticos, como Corea y China. Desde su época de estudiante, los extranjeros europeos eran vistos con curiosidad y simpatía, "pero no ocurría lo mismo con una chica hermosa, pero surcoreana, que vivía en nuestro barrio", comenta Hori.

Esos problemas atávicos se vieron incrementados con el boom económico de los ´80. Según Lehmann, el éxito que tuvo Japón en esa década los hizo, además, pensarse superiores.

 

La negación

Japón

Esta arrogancia explicaría también que ni los gobiernos ni los empresarios hayan asumido los síntomas de malestar que la economía japonesa empezó a evidenciar en los años 90. "No hubo reacción, sino una negación de las dificultades y prefirieron pensar que eran problemas pasajeros", precisa Lehmann. Recuerda que por aquellos años el título de un libro de economía, "Japan is number one", se fijó en la cabeza del mundo empresarial.

La silenciosa y educada sociedad japonesa tiende a no evidenciar demasiado los sentimientos ni los conflictos. Hay un bien muy preciado para ellos: la paz social. Esta mentalidad los conlleva a cierta obsecuencia.

Por eso. Nami Yamamoto, cientista política de 38 años, cree que el gobierno actual está en una negación de la real magnitud del problema con los reactores nucleares de la planta de Fukushima. "En la crisis que estamos, nuestras autoridades no publican toda la información. Los grandes medios de comunicación tampoco van más allá de la versión oficial", cuenta Yamamoto a "Poder&Negocios" desde Kioto. Asegura que los gobiernos europeos hablan de que la radiación estaría llegando a un radio de 80 a 90 kilómetros de planta, mientras que las estimaciones del Ejecutivo japonés y la empresa Pepco sólo hablan de 30 kilómetros.

 

El aislamiento

Japón

El tercer factor que hasta ahora no habría hecho posible un repunte de la economía japonesa, según el economista Lehmann, es que los japoneses no comprendieron la globalización. La mentalidad japonesa es la de una isla y ellos han mantenido su economía y su cultura muy cerrada.
Toda la industria de partes, piezas y armados dependen principalmente de la demanda interna. Las empresas japonesas de fabricación hacen productos para sus propias marcas y son caros. “Es decir, Japón no ha sabido comprender lo que estaba ocurriendo con la economía internacional. Ellos siguen siendo muy buenos al hacer autos y piezas tecnológicas, pero no proyectaron que la competencia ya no estaría en el ´hard´, sino en el ´soft´. No comprendieron las tecnologías de la información en su amplitud y es así como Japón tiene Toshiba, pero no su Microsoft”, explica Lehmann, quien ya en 2002 lanzó un análisis que titulaba “Japón perdió el primer tren de la globalización: ¿Tomará el siguiente?”.
La gran isla asiática sigue teniendo empresas grandes y poderosas como Toyota, Canon u Honda, pero no han desarrollado nuevas grandes compañías. Es decir éstas siguen siendo las locomotoras de su economía. Lehmann releva un fenómeno particular: el listado de las principales firmas niponas hoy es el mismo que hace 20 o 30 años. Todas ellas son de fabricación, mientras que en servicios y finanzas han seguido siendo frágiles.
Según un informe de Lehmann, no han asumido el desafío de encontrar oportunidades de crecimiento fuera de casa: “Están atrapados en su mercado interno”, puntualiza el economista.
A pesar de ellos, hasta 2009 Japón seguía en el segundo lugar de las economías más grandes, por detrás de Estados Unidos. En 2010, China pasó a ocupar su lugar.


El reto

Japón

Hay consenso en los expertos en que el reto que tiene Japón en los tiempos que corren es simplemente abrirse al mundo. El problema es que su población está muy envejecida y el cambio en la mentalidad debería ser más difícil de generarse. Otro aspecto que dificulta se apertura a la globalización es que no dominan el inglés. En 2009 se realizó una encuesta comparativa con el TOEFL en varios países asiáticos. Japón obtuvo peores resultados que Corea del Norte y Myanmar.

Lehmann ve una esperanza de recuperación en que Japón se abra en todos los sentidos de la palabra: más exportaciones, más inversiones en el extranjero, que dejen llegar más ideas y gente que provengan del extranjero y que salga a relacionarse con sus vecinos asiáticos, porque podrían beneficiarse de lo que ellos están haciendo.
A los días de producirse el terremoto, el Primer Ministro Japonés Naoto Kan, estuvo cuestionado por recibir aportes para su campaña de un empresario surcoreano que reside hace varias décadas en Japón. La ley nipona prohíbe que un extranjero, aún siendo residente y contribuyente, aporte dineros a campañas políticas internas.

 

La lección

Japón

Lehmann cree que Japón está comenzando a sacar lecciones de sus dos décadas perdidas en términos de la economía. Adicionalmente, las enseñanzas que el terremoto y tsunami están dejando es que, al estar muy cerrado y tener prácticamente todas las empresas proveedoras y plantas de producción dentro del país, ellos se ven obligados a afrontar casi todo el problema de producción. Casi no tienen plantas en otra partes, "por lo que han tenido que asumir prácticamente solos como país todas las aristas del problema", dice Lehmann y agrega que "sin energía, no han podido echar a andar algunas fábricas y otras no pueden funcionar porque las que les proveen de elementos colapsaron".

De hecho, este desastre apenas ha impactado a la cadena de suministros de otras compañías en el mundo. A decir de muchos, el principal problema global que planteó el terremoto y tsunami japonés a nivel global fue el poner en la mesa el debate sobre lo inseguro que puede resultar tener plantas generadoras de energía nuclear.

Dentro de Europa, especialmente Francia y Alemania, se ha visto obligados a revisar el estado en que se encuentran sus plantas nucleares. Pero, además, explica Lehmann, se ha alertado al mundo sobre la situación nuclear china, país que es sísmico, en términos de medidas de seguridad el más precario y se teme que haya posibles "chernobiles" que estén pasando inadvertidos.

El futuro japonés es incierto, pero sus necesidades de energía hacen casi incuestionable la existencia de la energía nuclear. Entonces sus desafíos pendientes están enfocados en asuntos de economía y política.

 

 

Por Soledad Pino

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