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Jueves, 17 de Mayo 2012

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Juan Gabriel Vásquez

Las novelas cuentan las historias privadas de las naciones

El Premio de Novela Alfaguara 2011 visitó Ecuador, como parte de la gira hispanoamericana que incluye 20 paíse. Quito y Guayaquil recibieron con enorme interés su novela: El ruido de las cosas al caer.

Juan Gabriel Vásquez

Al igual que Balzac, Juan Gabriel Vásquez (Bogotá 1973) y radicado en Barcelona desde 1999, piensa que la novela es un género que permite contar las historias privadas e íntimas de las naciones.

Un novelista es una suerte de historiador de las emociones, afirma este narrador que antes de alzarse con el Premio Alfaguara de Novela 2011, ya había publicado: Los amantes de Todos los Santos, y las novelas Los Informantes e Historia secreta de Costaguana, que le permitieron cierto reconocimiento en su país. Sin embargo, Juan Gabriel cuenta que él, desde muy jovencito, puso a la literatura como el centro único de su vida y por eso, y para vivir de ella, por ella y con ella, decidió radicarse en Barcelona, ciudad abierta donde están las grandes casas editoriales del español o quizá porque “a los que nacimos rodeados de montañas y en la altura, nos seduce inmediatamente el paisaje de montañas bajas y el mar cercano, además ésta es una ciudad que siempre ha acogido bien a los narradores latinoamericanos: José Donoso, Bryce Echenique, Vargas Llosa, Bolaño...
Pero a Vásquez, traductor del inglés y francés, admirador confeso de Milan Kundera, Philip Roth y Joseph Conrad, de quien escribió la breve pero intensa y vibrante biografía: “El hombre de ninguna parte” (por la que ha merecido excelentes críticas), es fundamentalmente reconocido por el libro de ensayos: El arte de la distorsión. Este conjunto de ensayos literarios sobre escritores a los que él admira y ha leído hasta la saciedad, confirma a Vásquez como el narrador joven Latinoamericano culto, espontáneo, cosmopolita, lúcido, firme, y, que sin llegar a ser demasiado académico o denso, resulta sumamente crítico, cuestionador y firme en sus opiniones, eso sí, nada de inconsistencias, lo mismo sucede en la mayoría de las 259 páginas de su novela premiada.
En El ruido de las cosas al caer, es posible encontrarse con las emociones y las cicatrices, que la guerra provocada por el Estado, el Cartel, el Ejército, la Guerrilla y la Violencia, han dejado sobre las vidas de hombres y mujeres nacidos en la década del 70. Explora el impacto de las emociones que “la generación del miedo” vivió en la Bogotá de los coches bombas, del sicariato, de las guerras y los muertos por el poder entre los carteles; se adentra en las sensaciones y sabores que deja en la vida de las personas la destrucción del tejido social por los afilados tentáculos del narcotráfico. Desde luego que es fundamentalmente, una novela en homenaje a Conrad, no en vano, aunque se mencione una sola vez en la novela, de lo que en el fondo se trata es de desentrañar los hilos que perfilan: La Línea de Sombra.

Esa línea que marca el paso en la vida de una persona hacia la madurez, pero ¿qué es la madurez, esa que se da entre los 27 o 28 años de edad? y, de qué va la soledad cuando tu futuro es incierto y tu alma es un hondo hueco habitado por el miedo y las distintas formas de la violencia. Juan Gabriel afirma: “somos sociedades donde la idea de futuro incierto es común a todos, y de eso también va esta novela”.
Juan Gabriel Vásquez

Juan Gabriel Vásquez

En El ruido de las cosas al caer, es posible encontrarse con las emociones y las cicatrices, que la guerra provocada por el Estado, el Cartel, el Ejército, la Guerrilla y la Violencia, han dejado sobre las vidas de hombres y mujeres nacidos en la década del 70. Explora el impacto de las emociones que “la generación del miedo” vivió en la Bogotá de los coches bombas, del sicariato, de las guerras y los muertos por el poder entre los carteles; se adentra en las sensaciones y sabores que deja en la vida de las personas la destrucción del tejido social por los afilados tentáculos del narcotráfico. Desde luego que es fundamentalmente, una novela en homenaje a Conrad, no en vano, aunque se mencione una sola vez en la novela, de lo que en el fondo se trata es de desentrañar los hilos que perfilan: La Línea de Sombra.

Esa línea que marca el paso en la vida de una persona hacia la madurez, pero ¿qué es la madurez, esa que se da entre los 27 o 28 años de edad? y, de qué va la soledad cuando tu futuro es incierto y tu alma es un hondo hueco habitado por el miedo y las distintas formas de la violencia. Juan Gabriel afirma: “somos sociedades donde la idea de futuro incierto es común a todos, y de eso también va esta novela”.
Te agradezco la oportunidad de decirlo porque el que la violencia narcoterrorista haya desaparecido de las ciudades, no significa que el narcotráfico no siga teniendo el inmenso poder de destrucción del tejido social que tiene Colombia. Este ahora financia los ejércitos ilegales del país tanto de la guerrilla como de los paramilitares, está en los campos y en pueblos, de manera que eso ha cambiado, se ha reinventado, pero el narcotráfico como agente de desorden sigue presente en la vida política del país.

¿Cuánto más crees que dé el tema del narcotráfico en tu país de… en cuanto a novelas, escritores y telenovelas también?
Las sociedades en conflictos producen novelas e historias sobre sus conflictos, eso históricamente se puede ver, en momentos de tensión social hay novelas, seguramente porque los seres humanos nos seguimos contando historias para explicarnos la realidad. No creo que hayamos llegado al fondo, y en este sentido, seguirán habiendo relatos sobre el narcotráfico y lo que ha hecho y está haciendo en la sociedad. Un rasgo de la sociedad colombiana, en cuanto a vernos a través de historias, es el de frivolizarlo todo; creo que las telenovelas, películas y demás sobre narcotráfico se quedan en eso. La narco novela como género se queda en la superficie y muestra el lado externo del conflicto y para eso hay una cantidad de información disponible en los géneros que mejor lo saben contar que son el periodismo y la historia, pero además hay hemerotecas, internet, yo como novelista me pregunto dónde está el lado moral, ético y emocional de todo esto. Cómo marcó en nuestra vida íntima y cómo te modifica la sensibilidad.

¿Por qué los lectores ecuatorianos deben leer tu novela?
Una de las razones por las que yo seguí adelante con la escritura de esta novela es porque echaba de menos una novela como ésta en las estanterías de literatura colombiana. Claro, en alguna medida todos los escritores escribimos el libro que nos gustaría leer. Me han dicho que estoy hablando de los años del terrorismo etarra y los peruanos me han dicho que estoy contando la época de sendero luminoso y los mexicanos me han dicho que lo que cuento es lo que está pasando ahora mismo en México. La convivencia con el miedo es un factor que rige nuestras vidas.

¿Qué conoces de la literatura ecuatoriana, a quiénes has leído?
Me gustan mucho y he leído a Leonardo Valencia y a Gabriela Alemán, también he leído mucho la poesía de Jorge Carrera Andrade. Reconozco que tengo muchas deudas con Ubidia y Vásconez a quienes debo leer.





Aleyda Quevedo Rojas
www.aleydaquevedorojas.com
Fotos: Soledad Rosales

Juan Gabriel Vásquez

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