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Jueves, 17 de Mayo 2012

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Viaje por el vino

PODEROSO ANTI-AGE, ALIMENTO DIVINO Y BOUTIQUE VIÑEDOS. Entrar en un vino es como emprender un viaje intenso. Hay que hacerlo con el cuerpo y el espíritu, pero muy especialmente con los sentidos, que son los que nos conducen por el túnel aleccionante de la degustación del extenso universo de variedades de vinos de calidad que existen en el mercado ecuatoriano y que nos llegan de casi todo el mundo.

Viaje por el vino

Si viajamos por la variedad Tannat (cepa emblemática del Uruguay) nuestros ojos se encontrarán con el color granate oscuro de la pasión. La nariz tocará los olores del cuero y la tierra con toques fuertes de frutos maduros que parecerían ciruela con algo de vainilla, en la boca sentiremos la personalidad de los taninos y el buen cuerpo de este vino ideal para acompañarlo con carnes a la parrilla, una fritada o quizá con quesos azules fuertes.

Y si nos decidimos a viajar por los ámbares dorados de un buen vino blanco de Mendoza (Torrontés) experimentaremos el encuentro con el dorado amarillo luminoso, los aromas frutales y florales misteriosos, y en la boca, un dulce apenas ácido, algo cremoso y con tenues notas de durazno, piña y rosas blancas, que terminará por seducirnos. El maridaje ideal de este blanco dorado debe hacerse con los postres que más le gusten, quizá: tiramisú.
“El vino a diferencia de otros productos se considera una bebida que sacia los apetitos del cuerpo y del alma. Es un alimento por excelencia. Junto con el pan, el queso y la cerveza han sido alimentos fundamentales que han acompañado a la humanidad. El vino es una bebida natural obtenida a partir de la fermentación de la uva fresca. Luis Pasteur, el padre de la enología, lo definió como la bebida más sana y fresca. Desde el punto de vista espiritual y cultural es una suerte de retazo, de recorte de un paisaje encerrado en una botella, que está a la espera de que un consumidor atento, como quien frota una lámpara maravillosa, haga que afloren todos los mensajes que encierra. El vino es una bebida y un concepto, detrás de un vino hay un mensaje que guardan las uvas que se han nutrido del paisaje, la cultura, la luz, el clima, la tierra, y cuando uno se deja estimular por las sensaciones que brinda, obtenemos imágenes que cuentan historias, contextos, personajes y paisajes”, opina el enólogo argentino Pablo Conselmo, de la Cofradía del Vino en Quito.
Viaje por el vino

Para el chef italiano radicado en Quito, Alessio Barili, “el vino es un eterno compañero de los seres humanos, desde los etruscos hasta nuestros días. Es algo mágico que da calor a una mesa y que permite que las personas se suelten y afloren las palabras verdaderas. Pero además, es un alimento que acompaña las comidas. En la gastronomía es muy importante, no solo en el maridaje, sino también a la hora de preparar determinados platos, añadiéndoles vino. En Umbría, la región donde yo nací, el vino es muy importante para saborear mejor el pan sin sal que tenemos y los embutidos un poco salados que producimos. Hay que saber que el vino no es para quitarse la sed, es un alimento para ser degustado con moderación, desde el color de la botella y su forma, pasando por la etiqueta, hasta que se destapa y se vierte en la copa de cristal adecuada, pasando por atrapar los aromas, perfumes, sabores e imágenes que nos deja, y al entrar en nuestra boca saber sentirlo en calma, hasta llegar al espíritu que es su lugar ideal”.

Pablo Conselmo, subraya que si nosotros abrimos un malbec nos encontraremos con el sol de Mendoza. Uno siente en los vinos argentinos el sol bullendo y se manifiesta en los aromas a fruta madura, a ciruelas dulces, un solo sorbo de malbec llena la boca y no es azucarino, sino que el ligero dulce está en los sentidos de los perfumes, nos deja calidez y aromas muy suaves. El sol entra en las uvas y da cuenta del paisaje donde fue creado, igual nos pasa con un cabernet suavignon de Australia o California. El paisaje hace al vino como a las personas. El vino es una suerte de bastión contra la globalización porque rescata la cultura en la que nace y las personas que lo hacen. El malbec me trae las sensaciones del sur, del abanico de inmigrantes que hizo posible que el desierto mendocino se transformara en el paraíso que es hoy, detrás de una cepa de malbec está el trabajo de decenas de generaciones de inmigrantes que dejaron su trabajo, pasión y conocimiento.
Viaje por el vino

Barili por su parte añade, que la diversidad y riqueza de sabores de la cocina ecuatoriana es ideal para ser acompañada por un buen vino. Ese casamiento perfecto entre comida y vino y ese saber combinar pescados con vinos blancos y carnes con tintos, sigue siendo adecuada y acertada. Sus preferidos son los que vienen de las cepas: sirah y malbec. Y este criterio lo comparte plenamente Pablo Conselmo quien remarca que los platos ecuatorianos de las diferentes regiones del país son ideales para ser resaltados por el vino. Ambos expertos aconsejan degustar un vino bajo la regla de oro: moderación y constancia. Una copa en el almuerzo y dos en la cena. Al ser un alimento con aportes de antioxidantes es ideal para ser apreciado y degustado con calma y armonía… A partir de los 10 dólares por botella ya es posible encontrar vinos interesantes en el mercado ecuatoriano; y en la franja de entre 14 y 20 dólares es importante comprar vinos jóvenes y comprarlos en lugares que garanticen la buena conservación del vino.
Vinos boutique o de autor Y SU poder anti-age

Así como en el cine existen películas de autor, con el vino pasa casi lo mismo, también existen vinos y viñedos de autor. Pequeñas cantidades, alta calidad y un nombre. Ciertas bodegas en América cuya producción de vino es muy escasa, se llaman bodegas boutique, cuyo sinónimo para otros países es vino de garage, concepto que nació hace veinte años en Bordeaux, Francia. Las bodegas boutique se caracterizan porque el vino proviene de una parcela de viñedos muy pequeña. Éstas  buscan una producción muy tradicional, con un rendimiento en los viñedos bajo y un cuidado personalizado de los racimos de uva hasta su cosecha. Una bodega es una boutique, cuando tiene una capacidad de 100 mil litros. Los vinos de autor cautivan a los amantes del vino alrededor del mundo, y una de sus fortalezas es la íntima relación entre el fruto y el bodeguero. La poca producción hace que el cuidado al seleccionar y manejar la uva sea mayor. Los vinos boutique son ajenos a la moda y a las grandes estrategias de marketing. En definitiva, son exclusivos en todo sentido y son una aventura que merece ser vivida. En Chile, Argentina y Uruguay, específicamente en las ciudades con tradición vitivinícola como Mendoza y el Valle del Maipo, se han creado y desarrollado preciosas posadas rurales, fincas y viejas haciendas completamente restauradas, hoteles design y bellas casonas que reciben turistas que quieren experimentar a fondo la degustación del vino y entrar en su conocimiento.

“El vino es un moderador social formidable, a diferencia de otras bebidas fuertes que adormecen el espíritu o te evaden, el vino te permite saciar apetitos gourmet, espirituales y del corazón. El vino fortalece la salud, especialmente los tintos para prevenir enfermedades cardio y cerebro vasculares, en algunos casos el vino puede prevenir cáncer por la gran cantidad de poli fenoles y antioxidantes que protegen al organismo. Incluso se usa en los spas para tratamientos de belleza. Realmente el vino es un poderoso anti – age, invertir en una botella de vino de autor es regalarse una de las mejores cosas de la tierra y es hacerse un bien a la salud y la belleza física y espiritual”, afirma Pablo Conselmo.

Vino divino: historia y mercado ecuatoriano

Vino divino. Con la infinita extensión y contundencia que la palabra divino encierra.
El vino nació con los seres humanos y la relación vino y humanidad, ha estado entrelazada y matizada por la agricultura, la gastronomía, las celebraciones, los rituales, la magia, la medicina y los sentimientos… “Si los amantes del vino y del amor van al infierno, vacío debe estar el paraíso”, dejó para el mundo el poeta Omar Khayyam. Para los romanos: Dios Baco y para los griegos: Dionisio. Y desde los últimos 12 años, en el Ecuador el vino es una de las bebidas infaltables para cerrar un almuerzo de negocios, una celebración especial o sencillamente para entrar en la cultura vibrante y fascinante que ofrece.

Algunos datos de prensa especializada del país coinciden que el consumo de vino tinto en el Ecuador se incrementó en un 40% en los últimos años. Según el Banco Central se evidencia desde el 2004, cuando se importaron 8,3 millones de botellas, y de ahí en adelante las compras por año se han ido incrementando en un 15%. La apertura de enotecas, bares y la abundante oferta de cartas de vinos en los restaurantes, confirman el aumento del consumo de este licor. Las catas de vino entre amigos, las degustaciones en enotecas y lugares especializados, así como la aparición de la Cofradía del Vino, que hoy tiene 1.100 socios en las principales ciudades del país, revelan a verdaderos amantes ecuatorianos del vino. El desarrollo experimentado por la gastronomía ecuatoriana, la aparición de restaurantes de nivel y escuelas de chefs, también han contribuido para que se consuma y se lo aprecie más.

El vino es la suma de un conjunto de factores: clima, latitud, altura, horas de luz, y por sobre todo, la tierra y sus minerales, así como la cantidad de agua. La edad del vino podría decirse que es la edad de la humanidad. Evidencias arqueológicas revelan que la producción de vino más antigua se localizó en Georgia e Irán, en el periodo que va desde el 6000 al 5000 a. c. Los primeros cultivos de uva datan de la edad del bronce en el tercer milenio a. c. en lugares cercanos a Oriente Próximo, Sumeria y Egipto. Pero es la adaptabilidad de la vid la que le permitió llegar a Europa y expandirse por este continente para luego llegar a América.




Por: Aleyda Quevedo Rojas.
www.aleydaquevedorojas.com

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