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  • Sábado, 31 de Julio 2010

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La Carlamanía arrasó a Letizia

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Lo más nuevo que usó Letizia durante la vista de Estado del Presidente de Francia y su Primera Dama fue el ácido hialurónico que le dio más grosor y visibilidad a sus labios. Eso, y unas chispitas de bótox para levantar sus cejas y rejuvenecer su rostro que cada día se ve mayor al de su marido, el príncipe Felipe. Los vestidos y los zapatos que mostró las dos veces en que apareció con Carla Bruni, ya los había usado en ocasiones anteriores, causando la mayor decepción posible a la prensa española, que debió matizar el mal gusto alabando el ahorrativo estilo de su princesa y el cómo no hizo ningún gesto extra para enfrentar al huracán de belleza y glamour que le cayó encima.
Más le valía haberlo hecho porque su imagen quedó vapuleada en demasía y probablemente le costará meses recuperar estatus en el ámbito del glamour. El punto más bajo de toda su presentación fue el reciclaje del vestido que usó en la cena de honor, la noche del lunes 27 de abril. Llevando al paroxismo su tic de ahorro, había hecho refaccionar el glamoroso vestido de Lorenzo Caprile que lució en su última fiesta como novia del príncipe Felipe la noche antes de su matrimonio, hace casi cinco años. Puede decirse que ése es un vestido emblemático, histórico, parte de su leyenda de plebeya que llegó a la Casa Real por el amor de su marido, pero ella lo estropeó sin pensarlo, o sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, lo que es peor. Le sacó la majestuosa parte superior que realzaba sus hombros y le puso breteles bordados con cristales. El mismo efecto de los cristales lo repitió en el borde de la pollera con pésimo resultado. Además, le sacó volumen al polizón en la parte baja de su espalda, con lo que el efecto imperial que le ideó Caprile quedó convertido en caricatura poco feliz.
Así, aunque la expresión "duelo de glamour" fue la más repetida durante los días previos a la visita e incluso mientras ésta se estaba llevando a cabo, lo cierto es que no hubo duelo. La visitante ganó desde que apareció en la escalerilla del avión llegando a Madrid.

UN ECLIPSE ANUNCIADO

El primer signo del eclipse que iba a desarrollarse durante 48 horas fue inmediato. Madame Sarkozy bajó las escaleras con un diseño de Azzedine Alaïa, formado por un vestido negro a la rodilla bastante ceñido y una blusa blanca de manga francesa entallada en la cintura. Para sorpresa de los fashionistas del mundo, usaba también zapatos negros de tacón medio de Christian Louboutin, lo que es absolutamente inusual en ella, quien siempre lleva ballerinas para así no verse más alta que su marido.
En la pista, al pie de la escalera, no estaban los príncipes de Asturias, sino los reyes Juan Carlos y Sofía, protocolarmente la primera pareja de España, que recibieron con todos los honores y mostraron bastante cariño a "Zarko" y su glamorosa señora que sonreía tan estudiadamente como si estuviera posando para "Vogue". Juntos se dirigieron al Palacio de La Zarzuela a un almuerzo privado donde por fin estuvieron con los príncipes de Asturias.
Esas eran las imágenes más esperadas, pero aumentaron rápidamente el efecto eclipse. Mientras Carla Bruni demostró que sus reflejos de top model siguen latentes y apareció con un look diferente, ¡Letizia estaba con un vestido que ya le había visto el mundo entero! Ese modelo color frambuesa lo había estrenado en su visita a Nueva York a fines de marzo, con los mismos zapatos peep-toes de plataforma y altísimos tacos.
¿Carla se cambió en la limusina? Era la gran duda porque al salir de ella apareció con un vestido de Dior estilo años 40, de color violeta, con las mangas levemente levantadas y los mismos zapatos Louboutin de taco de cuatro centímetros. Los dos símbolos femeninos actuales parecían casi haberse puesto de acuerdo para lucir espléndidas con looks muy similares. En la etapa del "posado", la experiencia en las pasarelas de la Bruni se notó nuevamente. El clímax fue cuando los reyes, los príncipes e incluso su marido ya caminaban al interior del palacio y ella, como respondiendo al clamor popular, decidió dar media vuelta y saludar con la mano izquierda a todos los fotógrafos presentes.

GALA HISTÓRICA

Se dice que para asistir a la cena de gala del lunes 27 en la noche, hubo más interesados que en toda la historia de la transición española. Las más destacadas figuras del quehacer político-económico-cultural de la sociedad acosaron a sus amigos y conocidos en La Zarzuela sin discreción ni vergüenzas para ser invitados al gran evento nocturno.
Pese a los titánicos intentos, sólo 140 personas fueron las elegidas para brillar durante esa noche al lado de Carla Bruni, quien llegó con un vestido Dior de terciopelo en tono azul noche con un precioso escote en la espalda. Además, recogió su cabello con un moño que tenía reminiscencias retro de los '60 y recordaba a Audrey Hepburn. También lució unos delicados pendientes colgantes de brillantes y una sofisticada cartera de plata labrada, más la banda de la orden de Carlos III (sin gancho a la vista) de la que cuelga la Cruz de Malta. Así, se veía como una princesa de cuentos de hadas al lado de su marido que llevó el collar de Carlos III que le fue concedido por el Consejo de Ministros de España.
Por su parte, la princesa con título de tal no sólo llevó en su banda el alfiler de gancho que ha mostrado antes -que cada tanto trataba de tapar con una de sus manos- sino que, como ya contamos al principio de esta crónica, cometió un desatino histórico al reciclar su vestido de compromiso. Los periodistas que la defienden comentaban que lo hizo para darle un toque más actual... Pocos lo aceptaron.
Al día siguiente, Carla Bruni siguió apareciendo espléndida y, para deleite de los periodistas españoles, consiguió sacar de su habitual segundo plano a la esposa de Rodríguez Zapatero, la espectacular Sonsoles Espinoza, que la recibió en el Palacio de la Moncloa. Con un traje de chaqueta-pantalón de Chanel apareció junto a Sonsoles que acertó con un look muy similar. Lo mejor fue que, al fin de la reunión que paralelamente sostenían los jefes de Estado, las dos parejas se reunieron en los jardines y Carla se lanzó a los brazos de su marido como si no lo hubiese visto en semanas. Los españoles fueron menos efusivos y así, el estrecho abrazo de Sarko y su bella esposa fue un hito impensado en la visita.
Los gestos físicos de amor que el Presidente francés le dedica a su esposa fueron un capítulo especial en esta cumbre bilateral madrileña. No perdió ocasión para tocarla, susurrarle al oído y dedicarle sonrisas arrebatadoras. Además, le dedicó el primer homenaje público en su mandato cuando dijo que deseaba felicitar a "alguien que hoy ha tenido mucho éxito". Y posteriormente agregó "no sabía que una italiana convertida en francesa pudiera representar tan bien a Francia hoy en Madrid".
Lo único que faltó en la visita oficial fue el encuentro privado entre Carla y Letizia para que madame Sarkozy pudiera conocer "a las niñitas", las pequeñas infantas Leonor y Sofía. Esto nunca se realizó, ya que los dos días fueron muy ocupados.
Sólo queda esperar la próxima reunión de Carla y Letizia para ver cómo sorprenderán al mundo con sus estilos, que, sin duda, seguirán siendo temas de Estado.

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