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Jueves, 17 de Mayo 2012

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Brillos tras el cristal

Hasta el corazón más duro se derretiría frente a las puertas de Henri Bendel, Barneys, o Chanel... que exhiben verdaderas imágenes lúdicas y muestran cómo el comercio navideño en NY puede ser el mejor espectáculo gratuito.

Brillos tras el cristal

La gente dice a veces que hace falta mucho dinero para pasarlo bien en Nueva York. Pero esa es gente que no conoce bien la ciudad.

Desde conciertos en el Central Park a conferencias en NYU, de paseos en kayak por el Hudson a noches de baile en Lincoln Center, Nueva York ofrece mil placeres gratuitos, y quizás ninguno mayor que sus vitrinas de Navidad.
Brillos tras el cristal

Brillos tras el cristal

Basta un paseo por la Quinta Avenida o Madison Avenue en una fría noche de fines de noviembre para descubrir por qué Shanghai, Mumbai, Dubai o cualquiera de las contendoras de Manhattan como centro del universo en el nuevo milenio, tienen todas las de perder en la competencia.
Esos nuevos colosos poseen poder y dinero, sin duda, pero a pesar de tanto maquillaje –la torre más alta del mundo, el crecimiento económico más espectacular del planeta–, su rostro no puede ocultar algunas feas e inescrupulosas cicatrices que hacen que todo su brillo se vea tristemente opaco. No importa cuánto petróleo corra por las doradas costas de Dubai, ese nunca será un lugar propicio para los sueños.
Nueva York, en cambio, puede sentir su billetera un poco más liviana en el último tiempo, pero su optimismo, belleza e ilusión continúan intactos. Miles de expatriados llegan a Shanghai cada año en busca de dinero. A Manhattan llegan en busca de enriquecer el espíritu. Y si usted es de los que piensa que las dos cosas son lo mismo, acepte desde ya nuestro más sentido pésame.

¿En qué íbamos? Ah, sí. Las vitrinas de Nueva York.
Habrá más de alguien que mirando las fotografías que acompañan este artículo se quejará del comercialismo, de cómo en esa ya tradicional montaña de promociones y regalos se ha perdido el verdadero espíritu de la Navidad. Pero lo invitamos a que se quede por unos instantes frente a las vitrinas de Van Cleef and Arpels en la esquina de la calle 57 y la Quinta Avenida, por ejemplo, escuchando una suave música sinfónica mientras a través del cristal observa un pequeño teatro móvil fabricado en tela, madera, papel maché, diamantes, zafiros y esmeraldas, y luego, si todavía tiene ganas, cosa que dudamos, continúe con su alegato.

Hasta el corazón más duro se derretiría frente a las puertas de Henri Bendel, la legendaria tienda por departamentos que esta temporada se ha convertido en un enorme y bellísimo “Cascanueces”, con casitas de jengibre y chocolate, soldados de madera, perfectas muñecas de trapo, mil y un paquetes, y docenas de bailarinas volando por los techos o montadas en gigantescas avestruces de plumas blancas.
Brillos tras el cristal

Brillos tras el cristal

Delicadezas

En Barneys, Simon Doonan, el vitrinista más famoso e innovador de la ciudad el año pasado, hizo un homenaje a los “celebrity chefs” americanos en sus vitrinas de Madison Avenue. Daniel Boulud, Anthony Bourdain, Mario Batali y Wolfgang Puck, entre otros, comparten una bacanal, mientras a su lado las estrellas de la cocina televisiva Rachel Ray, la Condesa Descalza y Martha Stewart luchan por un espacio en otra. “Have a foodie Holiday”, sugiere la tienda.

En Chanel, Prada, Dior y Louis Vuitton, hermosas maniquíes sonríen desde el otro lado del cristal envueltas en adorables zapatos dorados, vestidos tan delicados como un trozo de papel, acarreando cientos de carteras, brazaletes y accesorios, inmóviles hasta la noche de Año Nuevo, cuando otras maniquíes tan hermosas como ellas, también envueltas en zapatos dorados y vestidos tan delicados como un trozo de papel, acarreando otros cientos de carteras, brazaletes y accesorios, lleguen a ocupar su lugar.
Brillos tras el cristal

Brillos tras el cristal

Y si estas modelos son indistinguibles entre ellas, absolutamente utilitarias en su razón de existir, lo mismo no puede decirse de las elegidas por Dolce & Gabbana. El dúo de diseñadores italianos dedicó una de sus vitrinas a Madonna y la otra a Naomi Campbell, esta última con una serie de cajas de regalo en blanco y negro con el nombre de la modelo estampado sobre ellas. La celebridad vende, piensan Dolce & Gabbana, y la mega celebridad, esperan, traerá también mega ventas.
Brillos tras el cristal

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