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Jueves, 17 de Mayo 2012

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Gerhard Richter

En la Tate Modern Su realidad alternativa

La obra de este pintor alemán -que atrae multitudes en estos días- es difícil de seguir porque ha cambiado mucho en el tiempo. El romántico foto-realismo de sus comienzos se ha transformado en una especie de expresionismo abstracto lleno de emoción y virilidad.

Gerhard Richter

Gerhard Richter abandonó Alemania Oriental y se instaló en Düsseldorf en 1961, y desde entonces hasta ahora ha pintado sin parar, creando un cuerpo de trabajo que, a diferencia del de contemporáneos como Lucien Freud o James Rosenquist, no es fácilmente reconocible ni crea escuela. Los únicos hilos que unen su obra (entre sí) son una voraz curiosidad por las posibilidades de la pintura, la constante experimentación y, claro, una visión precisa y delicada que no desaparece ni siquiera cuando retrata las mayores atrocidades.

Su carrera comenzó con pinturas dedicadas a los horrores del nazismo, donde su familia tuvo víctimas y victimarios, y ese arco de violencia se cerró –por lo menos hasta ahora– con “September”, un cuadro de 2005 que conjura en suaves tonos grises las imágenes del ataque a las Torres Gemelas. Por lo mismo, porque en más de cinco décadas ha servido como cronista no solo del arte, sino de la historia, es que el título de “Panorama” que lleva su actual retrospectiva en la Tate Modern de Londres parece justo y adecuado.
La muestra, que continuará abierta hasta enero del próximo año, se ha convertido rápidamente en un best seller. Eso no deja de ser una sorpresa. A pesar de su reputación y prestigio en el mundo del arte contemporáneo, Richter no es –a mucha honra– un pintor popular. Más de un crítico ha hablado de lo difícil que es seguir sus huellas, de lo complicado que resulta entender que esa pintura híper realista instalada en el sexto piso del museo que muestra a una mujer leyendo, fue pintada por el mismo hombre que creó el gigantesco cuadro abstracto que viene a continuación.
Gerhard Richter

Gerhard Richter

En su crítica, el Daily Telegraph recordó el comentario que el poeta Jaime Sabartés hizo una vez sobre Picasso, diciendo que la fortaleza del español, la llave de su juventud, venía de su capacidad casi reptil de abandonar una piel y continuar con su existencia en otro lugar. Lo mismo puede decirse, dijo el periódico británico, sobre Richter.

“De su generación, es el artista que se ha hecho las preguntas más desafiantes respecto a la pintura”, señala Mark Godfrey, curador de la muestra, “por lo mismo, tiene un rol central en el arte contemporáneo. ¿Cuál es la relación entre pintura y fotografía? ¿Cómo puede la pintura construir su propia historia y al mismo tiempo enfrentar las catástrofes de nuestros días? ”.

Por supuesto, la muestra posee más preguntas que respuestas porque Richter está más interesado en el misterio que involucra su trabajo que en los resultados. Sus pinturas –a veces inspiradas en Vermeer o Tiziano, otras en Tombly o Rothko– no son perfectas ni buscan la perfección. Lo que buscan, en cambio, es una realidad alternativa, filtrada por un hechizo de luz, color, ángulo y espíritu.

El orden cronológico de la muestra en la Tate puede despojarla de cierta sorpresa, pero ofrece un estupendo calendario de intereses y obsesiones. El romántico foto-realismo de un comienzo se transformó con los años en una especie de expresionismo abstracto lleno de emoción y virilidad, y nadie, probablemente ni siquiera Richter, puede explicar las razones. No son necesarias tampoco.
Gerhard Richter

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Gerhard Richter

Por: Manuel Santelices, corresponsal

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