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Jueves, 17 de Mayo 2012

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Gay & Chic

En New York City

En NYC, asistir a la boda de parejas homosexuales es clave para estar de moda, hoy. La más importante de estos días fue la de los altos ejecutivos Bill White y Bryan Eure. Hasta George Bush estuvo en la fiesta en el Four Seasons.

Hace algunas semanas, Anna Wintour, Robert de Niro, Hamish Bowles, Francisco Costa, Jeff Koons, Julianne Moore y Jerry y Jessica Seinfeld, entre muchos otros, llegaron hasta la boutique de Calvin Klein en Madison Avenue para celebrar el lanzamiento de la campaña “Americanos por el Matrimonio Igualitario”, una iniciativa organizada por Human Rights Campaign que pretende llevar el matrimonio igualitario, ahora legal en Nueva York, a todo Estados Unidos.
“Me parece que es un derecho humano básico”, dijo la Moore mientras posaba para los fotógrafos, elegantísima, en un diseño de Calvin Klein, “todo el mundo tiene el derecho a casarse con quien ama, formar una pareja y una familia… Es algo que en el futuro la gente observará y dirá, ‘no puedo creer que pasó tanto tiempo antes de que fuera reconocido’, similar a lo que ha sucedido con la segregación o el voto femenino”.
Anna Wintour, que una vez más demostró su descomunal poder convenciendo a la alcaldía de Nueva York de que permitiera apagar por unos minutos las luces de Times Square para la filmación del comercial de la campaña, dio con su presencia el signo de aprobación a la causa –la única aprobación que, al menos en ciertos círculos, importa–, convirtiendo así el matrimonio igualitario en la bandera más chic de la política neoyorquina.
Arianna Huffington, la influyente fundadora del Huffington Post, es también ferviente partidaria de la igualdad. Hace unos días presidió la ceremonia de entrega de premios a los “Game Changers of the Year” que ese sitio entrega anualmente a aquellos que “han cambiado las reglas de juego” en negocios, política, ecología, educación y gastronomía, entre otras disciplinas. El máximo galardón, entregado frente a una multitud donde se encontraban Kim Kardashian, Lorenzo Martone, la legendaria modelo China Machado, el director de la revista “Rolling Stone” Jann Wenner, Robert Kennedy Jr. y el presidente de AOL, Tim Armstrong, quedó en manos del gobernador de Nueva York Andrew Cuomo, por su éxito como impulsor de la ley que convirtió el matrimonio igualitario en una realidad en el Estado. “Si no le gusta el matrimonio gay, no se case con un gay”, dijo Cuomo durante su discurso, haciendo que la multitud, por un momento al menos, dejara de lado su copa de champagne para aplaudir entusiastamente.
Si de extravagancias se trata, ninguna boda gay puede compararse a la de Bill White, presidente del Constellations Group, una firma de estrategia política de Washington, y Bryan Eure, vicepresidente de una importante aseguradora, realizada en Manhattan.
La pareja, perfecto ejemplo de una “power couple”, recibió el respaldo del establishment político, social y económico durante los vertiginosos meses que antecedieron la ceremonia de su unión, incluyendo la del príncipe William de Inglaterra –sí, ¡el príncipe William!– que conoció a Bill y Bryan en una comida durante su visita a California en julio pasado y les advirtió que, cuando se trata de organizar un matrimonio, lo mejor es dejar que uno de los integrantes de la pareja tome las decisiones y el otro simplemente acate las órdenes.
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La boda White Eure se realizó con dos días de celebraciones, una pequeña ceremonia en la capilla de St. Bartolomeo en Park Avenue, una comida en el penthouse de Georgette Mosbacher para 70 personas, y una gigantesca fiesta en el restaurante Four Seasons para 600 invitados donde, entre otros, se encontraban los ex Presidentes Bush y Clinton, Barbara Walters, Anderson Cooper y el general David Petraeus, el mismo que durante largo tiempo estuvo a cargo de las operaciones militares en Irak y Afganistán.

Igual que los matrimonios heterosexuales, las bodas gays de Nueva York tienen su propia etiqueta y protocolo, las que, como es comprensible, están siendo recién definidas. Tradiciones como el lanzamiento del ramo o el primer vals son poco frecuentes, como también, por el momento, son los besos apasionados y otras demostraciones excesivas de afecto en el altar que, quizás, podrían incomodar, en el caso de White y Eure, a algún ex residente de la Casa Blanca.
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En caso de duda, lo mejor es recurrir a expertos como Susan Holland, que en la última década ha ganado reputación como la mejor banquetera y “party planner” con que un novio o novia gay pudiera soñar. Susan organizó el matrimonio de Ellen DeGeneres y Portia de Rossi en Hollywood y de algunos otros famosos.

La etiqueta del matrimonio homosexual ha resultado ser fuente de infinita confusión en Nueva York y los invitados pocas veces saben qué esperar o qué corresponder y qué no cuando se trata de una boda gay. Por ejemplo, ¿es educado preguntar a una pareja gay si planea contraer matrimonio? No, dice Philip Galanes, a cargo de la columna de etiqueta de The New York Times. “El miedo al compromiso, las relaciones conflictivas y los arrepentimientos de último minuto no son exclusividad del romance heterosexual”, escribió hace poco. ¿Son las toallas con monograma un regalo apropiado, Mr. Galanes? Sí, siempre y cuando los novios mantengan su apellido de soltero. ¿Qué hago con mis creencias religiosas, ahora que mi hija gay decidió casarse? Olvídelas, y alégrese por su hija.

Aunque Nueva York es quizás donde más apertura se siente, el mundo entero da muestra de ello. Cuando se anunció la boda de Ricky Martin, pocos parecían sorprendidos. Y aunque el artista desmintió la versión de próximo matrimonio, seguramente cuando decida dar el paso, la ceremonia podría incluir fiesta, pastel de bodas, celebridades y por qué no, luna de miel.
Por: Manuel Santelices, corresponsal

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