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Jueves, 17 de Mayo 2012

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Aleyda Quevedo

"Espero que mi poesía rompa los convencionalismos"

Con siete libros de poesía, y habiendo comenzado a escribir desde los 13 años, Aleyda Quevedo nos entrega su última obra La otra, la misma de Dios, un libro de poesía erótica, para muchos quizás el más revelador de su producción literaria.

Aleyda Quevedo

Yo espero que el libro mueva muchos espíritus” dice Aleyda, cuando empezamos a hablar de su última obra. Es que, como ella dice, el amor-erótico es uno de los grandes temas ineludibles de toda poesía, en todas las culturas e idiomas. La poesía erótica celebra al cuerpo, a la pareja, al amor y es la que más transgrede tabús, normas y convencionalismos.

Estos 101 poemas hacen un libro clave en la trayectoria literaria y personal de Aleyda porque, según nos cuenta, cierra una etapa de búsqueda entorno a las complejas zonas y aristas de tres temas que nunca han dejado de inquietarle: el amor-erótico, la feminidad y la libertad.

¿Desde qué lugar escribes este libro?
Desde la libertad, sin lugar a dudas. Este séptimo libro, que me gusta pensarlo como un séptimo hijo que acabo de dar a luz, está escrito desde el ejercicio de la libertad y del disfrute del lenguaje. Libertad plena como una mujer que se conoce bien a sí misma y que ha explorado mucho dentro de su propia alma, de sus emociones y pensamientos.

Me da la impresión que La Otra, la misma de Dios simboliza un retorno a la esencia, a lo que toda mujer es en estado puro, antes de responder al molde social. Puedes explicarnos qué realmente significa el título y el libro en sí.
Tu impresión es acertadísima. El concepto, o el hilo conductor que sostiene a este poemario, está basado en la esencia femenina que es total e integral, es decir, se habla desde una voz de mujer que es esencialmente un ser humano total capaz de crear, procrear, sufrir y levantarse, donde lo andrógino juega un papel clave, se trata de pensar a la mujer, desde una sensibilidad contemporánea que une lo masculino y lo femenino, dentro de un perfecto equilibrio. Por ello, el título es “la Otra, la misma de Dios” porque (la otra) es la dualidad, pero es una misma mujer capaz de ponerse máscaras, reinventarse, recrearse a sí misma, un ser humano absolutamente empoderado y libre. Este es un libro para debatir sobre la libertad de una mujer y sus formas de amar y de conversar con Dios.

Hay un recorrido por ciudades y lugares donde el erotismo tiene lugar, explícamelo.
Los países son Nicaragua, Cuba, Ecuador y México. Pero esos países se vuelven, en el entramado del libro y su ritmo, territorios imaginarios y lugares espirituales donde dos amantes se encuentran, se desencuentran y finalmente ella, la protagonista, la otra, la misma de Dios, regresa a su centro que es ella misma y sus potencialidades, ella y sus fortalezas. Pero el gran territorio, desde el que se escribe este poemario, es el territorio universal e ineludible del cuerpo.

Tú estructuras tu libro en cuatro partes definidas como: del erotismo de los cuerpos, del corazón, de lo sagrado y de la contemplación. ¿Qué significación tiene esto?
De alguna manera, la intención al dividirlo en cuatro partes fue indagar y explorar todo el complejo tejido de emociones, misterio y pensamientos que rondan al cuerpo, al corazón, al sentido de contemplar y desde luego, a esa zona que creo la más bella y compleja del erotismo, que es justamente: lo erótico sagrado. De alguna manera, el libro es muy ambicioso porque intenta, en las dos primeras partes llegar a una poesía irreverente y de total libertad, y en las dos partes finales hay una poesía mística, quizá más en diálogo con Dios, ya sea Buda, Alá o Jesucristo. La idea de una conversación con un ser superior, movida desde la más honda fe en el amor.

¿Crees que hay cierta transgresión en tu poesía que sale de lo convencional?
La poesía siempre rompe convencionalismos y ataduras. Yo espero que mi poesía rompa con todos los convencionalismos que no dejan que las mujeres ejerzan su libertad y se conozcan a sí mismas. Hay un precio muy alto que una paga cuando decide vivir la libertad, pero la poesía lo compensa todo, porque te permite un estado de conocimiento de ti misma.
Aleyda Quevedo

¿A quién va dirigida la dedicatoria?
La dedicatoria guarda un secreto. Quiero que el lector sienta que puede ser él o ella, quienes me acompañaron y me acompañan por ciudades, donde la pasión me arrastró.

Escribir sobre erotismo implica permitirse sentir y vivir ese erotismo que muchas mujeres se niegan a sí mismas, ¿cómo llegas tú a esa libertad?
Lo erótico es una forma de llegar al conocimiento. Y ese conocimiento comienza por tu propio cuerpo, tus deseos, miedos y sueños. Reprimirse o negarse el sentir, negarte el placer o la exploración de tu propio cuerpo, es perderte de un recurso que es crucial para llegar a conectarte con tu espíritu, tu cabeza y tu piel.

Escribir contenido erótico implica una forma distinta de inspiración, ¿qué momentos, lugares, memorias, circunstancias te inspiran?
El juego del amor romántico involucra un estado de fiebre y total pasión, en ese momento, es donde se pierden todas las objetividades, y es ahí cuando escribo. Luego, cuando viene el amor más sosegado, de compañeros, ese amor de la confianza y el mar de la tranquilidad, que también es delicioso vivirlo, es cuando puedo repensar los poemas y trabajar con el lenguaje. Los lugares, eso también te lleva a las palabras que sin decir, dicen sensualidad, imaginación, fuego, deseo; los lugares que tienen agua, por lo general, son los que más me motivan a escribir de erotismo.
Por Martha Dubravcic. Producción: Andrea Eastman. Asistente: Ana María Santos. Fotos: Soledad Rosales.

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