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Jueves, 23 de Febrero 2012

Steven Spielberg

Filmando "TINTIN" me divertí tanto como en "ET"

Va a revolucionar una vez más la historia del cine gracias a la nueva tecnología que utilizó en esta versión fílmica del famoso cómic francés.

Steven cuenta que escuchó por primera vez acerca de “Tintín” hace 30 años, cuando un crítico de cine francés comparó a “Los cazadores del arca perdida” con las tiras cómicas creadas por el artista belga Hergé, contando las aventuras de un osado joven periodista. Agrega que, por curiosidad, comenzó a leer los comics que han vendido 350 millones de copias alrededor del mundo y han sido traducidos a 80 idiomas. Después de un par de libros, supo que debía comprar los derechos y que cuando existiera la tecnología que él ya imaginaba, trasladaría las aventuras de Tintín al cine. Transcurrieron 28 años hasta que se concretó su sueño y hace alrededor de dos meses, la primera película de la serie se estrenó en Europa.

El legendario director cuenta que en esta aventura, Tintín, interpretado por Jamie Bell –el inolvidable protagonista de “Billy Elliot”–, descubre un modelo de barco que lo lleva junto al capitán Haddock (Andy Serkis) y el villano Sakharine (Daniel Craig) hasta descubrir una nave sumergida llamada “Unicornio”. La mega película, con movimientos en 3D, costó 140 millones de dólares. Pero Spielberg asegura no estar preocupado porque “los niños de todo el mundo gozarán con estas aventuras”.

A pesar de su fama –se le considera el cineasta más conocido del planeta–, Spielberg señala que lleva una vida sencilla. Cuando no está trabajando, comparte con su familia. Junto a su mujer –la actriz Kate Capshaw y sus 7 hijos– dividen el tiempo entre sus residencias en Pacific Palisades, Los Angeles y una casa de veraneo en The Hamptons, Nueva York. El director tuvo a Max, su primogénito, con su primera mujer, la actriz Amy Irving; luego, tres hijos con Kate Capshaw, también adoptó a la hija mayor de ella y además, junto a su señora, a dos niños afroamericanos.
El cineasta nació el 18 de diciembre de 1946 en Cincinnati, Ohio. Era el hijo mayor del matrimonio formado por Arnold y Leah Spielberg y creció solitario ya que la familia, incluyendo a tres hermanas, se mudaba constantemente. Desde pequeño se refugió en las películas y a los 16, filmó su primera creación, “Firelight”, con una cámara Super8. En 1965 sus padres se divorciaron, lo que lo afectó profundamente. Después de eso, se instaló con su madre y hermanas en Saratoga, California, donde terminó la educación media. Al ser rechazado tres veces por la Escuela de Cine de la Universidad del Sur de California, optó por un College, pero nunca se graduó. En cambio, a los 22 años, logró ser aceptado como aprendiz en los Estudios Universal; a los 28 hizo su primer largometraje, “Sugarland Express”, y el resto es historia.

Aclara que sigue igual de apasionado con el cine y se nota su entusiasmo cuando conversamos acerca de su última creación...
Con Tintín en el corazón

¿Por qué te tomó tanto tiempo concretar esta película?
Quizás porque tuve tantos hijos (risas). En 1981, cuando leí “Las siete bolas de cristal”, mi primer libro de Tintín, aún estaba solo. Pero cuando compré los derechos de la serie comencé, al mismo tiempo, a formar una familia. Mis niños también leyeron a Tintín, por lo cual la llama siempre se mantuvo encendida.

¿Conociste a Hergé?
Conversamos por teléfono en 1983, acordando juntarnos dos semanas más tarde en Bruselas. Y en el intertanto, falleció. Pensé que todo había terminado, pero recibí una llamada del abogado que lo representaba a él y a su señora. Por lo que un mes más tarde, cuando filmaba “Indiana Jones” en Londres, viajé a Bruselas por el fin de semana. Conocí a la señora Hergé y eventualmente firmamos el acuerdo, autorizándome a que yo filmara las películas.

¿Cómo fue la conversación con el autor?
Le expresé mi amor por sus libros, le conté que había leído catorce, porque no todos estaban a la venta en Estados Unidos. Y él me reveló lo mucho que le había gustado “Los cazadores del arca perdida”, agregando que le encantaría que yo adaptara Tintín al cine, porque iba a entender al personaje. En el teléfono parecía ser una persona muy joven; no sabía que ya tenía setenta.

¿Por qué elegiste el séptimo libro de su colección para tu primer filme de la serie?
Porque deseaba hacer una aventura en alta mar y pensé que “El secreto del Unicornio” sería una película fantástica, sobre todo si la combinaba con “El camarón de las garras doradas”, donde podrían aparecer juntos Tintín y el capitán Haddock.

Con esta nueva tecnología, ¿crees que se perderán las emociones de los actores?
En absoluto, las caras en “Tintín” son las verdaderas de los actores, ellos hacen la misma contribución que en una película tradicional. Posteriormente, los animadores usan estas interpretaciones como guía para crear el estilo de animación. Con la tecnología que nosotros empleamos, la computadora es capaz de captar lo que las caras están haciendo, y por ende, las emociones se mantienen vivas.

¿Cómo diriges a los actores?
Los transformo en mis colaboradores, en mis socios. No les ordeno qué hacer, les formulo preguntas: ¿qué sientes con esto?, ¿dónde quieres ir?, ¿qué preparaste anoche? Dirigir no es mandar, sino que estar de acuerdo. Me siento junto al actor y entre los dos acordamos crear un sentimiento o una idea.

¿Fue difícil dirigir a un perro?
He trabajado con perros anteriormente y muchas veces no hacen lo que les dices, pero Snowy me hizo caso en todo (risas). Tuve mucha suerte (en “Tintín”, el perro es un ser totalmente animado por la computadora).
Colaboración de dos genios

Aunque Spielberg tenía los derechos de “Tintín”, recién en 2004 se contactó con Peter Jackson, quien ya había creado su productora de computación digital, WETA, para que hiciera una prueba y creara a Snowy, el perro de Tintín. Entonces supo que esa era la tecnología que buscaba y que había encontrado a su colaborador.

¿Cómo fue trabajar junto a Peter Jackson?
Peter es un individuo muy relajado, una especie de profesor universitario distraído que ni siquiera se fija en la ropa que se pone, es una de las personas más interesantes que he conocido en mi vida. El escribió parte del guión junto a los otros guionistas: Steven Moffat, Joe Cornish y Edgar Wright. Fue más que un productor. Y aunque pasamos dos años conversando por Skype desde Los Angeles a Nueva Zelanda, nunca discutimos; fueron dos años en los que definimos cómo contar esta historia antes que los animadores comenzaran su trabajo, fue la etapa más creativa del proceso.

¿Qué aprendiste filmando “Tintín”?
Tuvimos que escribir un manual, ya que nadie antes había filmado una película usando una tecnología similar. Peter y yo aprendimos a colaborar con 60 animadores, más 300 ilustradores y los tres guionistas. Luego de los dos años de conversaciones, siguieron tres años de animación. Me divertí tanto haciendo esta película, como cuando filmé “ET”. “Tintín” estuvo 28 años en mi corazón y nos tomó cinco años la producción.
¿Te ves como el alter ego de “Tintín”?
Me refleja, en el sentido que yo también viajo alrededor del mundo buscando buenas historias y si las encuentro, las cuento. Tintín es un periodista y su carrera consiste en descubrir reportajes e involucrarse en ellos. Casi crea las historias que encuentra, y en ese sentido compartimos la misma pasión.
Casi cumpliste los 65 y ya has recibido dos galardones premiando tu trayectoria.

¿Qué te mantiene apasionado y entusiasta?
Bueno, mi cuerpo aún no me pide que me tranquilice. Cada vez que encuentro algo nuevo, siento la misma excitación, incluso más que antes. La fuente de la juventud, para mí, está en una idea o una historia. A veces la invento yo y otras leo algo que otra persona escribió y me digo, “oh, Dios mío, debo hacer esta película”. Eso es lo que mantiene mi pasión, lo que me impulsa a seguir. Me interesa mucho más esto que sentarme tras un escritorio a cargo de un estudio de cine, aunque también lo hago a través de DreamWorks.

Si pudieras retroceder 38 años, cuando dirigías “The Sugarland Express” y “Tiburón”, hubieras imaginado lo que venía?
Si retrocediera en el tiempo y le contara a ese joven que un día tendría siete hijos, no me habría levantado de la cama durante 40 años (risas). Si hubiese sabido lo que venía, me habría sentido oprimido con tanto trabajo. Pero he logrado vivir mi vida haciendo una cosa a la vez, aunque piensen que estoy haciendo tres. De ahí que no me baja el pánico. Ni a mi peor enemigo le deseo que conozca su futuro, aunque vengan cosas buenas.

¿Filmas pensando en el público?
No en todas mis cintas. Cuando hago un drama histórico, no pienso en el público, porque ni siquiera creo que la irán a ver. Así me pasó en “La lista de Schindler”, “Amistad” y ahora “Lincoln”. Pero cuando dirijo un filme como “Tintín”, yo soy el público y estoy haciendo una película para mí mismo sentado junto a los demás. Lo mismo sucedió con “ET” e “Indiana Jones”.

Muchos describen algunos filmes como fellinianos, refiriéndose al director Federico Fellini. Ahora se habla del estilo Spielberg…

Hitchcock se rió cuando alguien comentó que una cinta era hitchcockiana y contestó: “Aún estoy aquí” (risas). Yo también estoy...
Por: Yenny Nun, corresponsal

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