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Jueves, 17 de Mayo 2012

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Manifiesto Croata

desde nueva york, Sanja Ivekovic

En el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) se está presentando "Dulce violencia", una inquietante muestra que a primera vista luce como arte feminista, pero es mucho más...

Manifiesto Croata

La artista croata Sanja Ivekovic tiene una larga carrera y un bien merecido prestigio en Europa, pero en Estados Unidos es, hasta ahora, una desconocida. Eso probablemente cambiará en los próximos meses después de que su nueva exhibición –“Dulce violencia”– fuera inaugurada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA).

Decir que la Ivekovic –nació en Zagreb en 1949– es una artista feminista es quedarse corto. Su trabajo se concentra principalmente en la discriminación y los abusos hacia la mujer, es cierto, pero cruza también el corazón frío de sus abusadores –la política, los medios, la religión– haciendo que, más allá de cualquier victimización, arrebato sexual o discurso reivindicador, sus fotografías, performances, instalaciones y videos adquieran de pronto un arco cultural más completo y, por lo tanto, más atractivo.
Su vida ha transcurrido en medio de la represión, el caos y la violencia, incluyendo el régimen dictatorial del mariscal Tito, la desintegración de Yugoslavia y las terribles guerras que estallaron en la zona a comienzos de la década de los 90.

La Ivekovic avanzó por ese laberinto de horror con un espejo en la mano, buscando su propio reflejo y el de mujeres como ella en este escenario; tratando de dar, si no sentido, al menos una continuidad histórica a lo que sucedía. Así, “Dulce violencia” es una bitácora cronológica, política y cultural de las últimas décadas, pero también, y simultáneamente, un diario introspectivo y personal.

Una de sus primeras obras –instalada ahora en las galerías del MoMA– es “La tragedia de Venus”, donde la artista enfrenta un portafolio fotográfico que sigue la existencia de Marilyn Monroe con otro que habla de su propia vida y experiencias. En “Paper women”, retratos de modelos arrancados de revistas son tijereteados, rayados y rotos como un recordatorio de la violencia contra las mujeres, y aunque el mensaje quizás pueda parecer algo literal –estas piezas fueron hechas entre 1977 y 1978–, es también profunda y conmovedoramente efectivo.
Manifiesto Croata

Manifiesto Croata

La cultura popular es un ingrediente indispensable –inevitable es quizás el término adecuado– en el trabajo de esta creadora. La visión de lo “femenino” en el cine y la televisión, tan halagador y odioso a la vez, es una fuente infinita de protesta y preocupación para ella. “Casa de mujeres”, por ejemplo, presenta una serie de avisos de anteojos de sol proveniente de revistas de moda, acompañados con los testimonios de mujeres abusadas.

En “Dulce violencia”, las promesas de la “tercera vía” de Tito, presentadas en glamorosos y patrióticos spots de televisión que sugerían una mezcla de utopía socialista y progreso libremercadista, son transmitidas en una pantalla cubierta con trozos de cinta negra como si fuera una prisión. Tantas ilusiones rotas, tantas palabras vacías repetidas hasta el cansancio como un siniestro mantra.
En “Personal cuts”, la propia Ivekovic, con una bolsa plástica en la cabeza y un simple vestido negro, se para, cae, se vuelve a parar y vuelve a caer en un video continuo que habla de la violencia, el genocidio y la guerra que azotó su país, pero también de la histórica y agotadora lucha femenina por mantenerse de pie frente a múltiples ataques.

El átrium del museo está por estos días ocupado por una monumental escultura, “Lady Rosa de Luxemburgo”, donde una figura griega, dorada y embarazada aparece en la punta de un descomunal obelisco que, en su base, ha sido cubierto con epítetos, insultos y clichés históricos, de “prostituta” a “la resistance”.
Manifiesto Croata

Manifiesto Croata

El pasado 2001 “Rosa…” fue expuesta en Luxemburgo, a poca distancia de una escultura patriótica similar desprovista, sin embargo, de insultos y embarazo. La controversia por la cercanía de ambas fue inmediata e intensa, y hoy la pieza es mostrada en el MoMA con videos y recortes periodísticos sobre este decidor episodio donde la mujer clásica en todo su esplendor se encontró, cara a cara, con una hermana quizás menos digna, pero mucho más real.

Roberta Smith, la crítica de arte de The New York Times, comenzó su artículo sobre “Dulce violencia” con una sentida reflexión: “¿Cuántos problemas del mundo se resolverían, o al menos se reducirían considerablemente, si las mujeres tuvieran verdadera igualdad de derechos con los hombres?”.
La exhibición del MoMA, obviamente, no da una respuesta a esta interrogante, pero pone la pregunta en el centro de la discusión. Y ese, aun en estos días, ya es un gran paso.
Manifiesto Croata

Por: Manuel Santelices, corresponsal

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