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Jueves, 17 de Mayo 2012

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El Dios salvaje que todos llevamos dentro

Teatro

Una comedia de modales, sin modales, una pieza teatral escrita por la actriz, autora y dramaturga Yasmina Reza. Una obra que revela los vericuetos de la naturaleza humana, manejados con fino humor.

El Dios salvaje que todos llevamos dentro

Me resultaba un tanto difícil asimilar la idea de la existencia de un Dios salvaje. Dos palabras juntas que suenan disonantes. Y me llega una serie de preguntas que de inicio no tienen respuesta. ¿Quién es este Dios salvaje?, ¿en dónde está? ¿Y a qué hora apareció y ni siquiera nos dimos cuenta? ¿Cómo se manifiesta, cuál es su cara? Son innumerables los conceptos que se le atribuyen a la palabra Dios y es una exagerada benevolencia la que gira alrededor de la misma que, al visualizar dicho concepto como algo salvaje, resulta algo confuso de acuerdo a los parámetros y convenciones sociales. Pero si cruzamos la línea, si expandimos la mente y nos embarcamos por un momento en otro viaje: el del arte –en este caso el teatro– podemos apreciar lo que es este Dios salvaje sin ningún prejuicio o temor. Podemos mirar con sinceridad el color de nuestras más profundas y extremas emociones sin juicio. Es este Dios salvaje del que habla la dramaturga Yasmina Reza y que con el trabajo actoral de Cristina Rodas, Diego Naranjo, Alex Cisneros y Claudia González, bajo la dirección del actor y director colombiano Wilson León García Delgado, encontramos la oportunidad de acercarnos, identificarnos, silenciarnos y doblegarnos ante nosotros mismos. Acortar distancias, sacar nuestras máscaras y mirar, quizá, a un Dios que más allá de ser salvaje o calmo, es auténtico. Ese ser que está en nuestro interior y que al relacionarnos con los otros hace que nos evidenciemos tal cual somos.
En el diario vivir estamos sujetos a cientos de cambios. Cambios de estado de ánimo, imprevistos laborales y sociales, problemas cotidianos de familia, cosas que salen de nuestra agenda, que cambian el rumbo de nuestro accionar y retan nuestro comportamiento. Nos sorprenden, nos molestan, nos alegran o simplemente nos dejan estupefactos.

Esta obra teatral utiliza una de esas circunstancias. El problema central o argumento se enfoca en una pelea que tienen dos niños ubicados en un parque donde uno de ellos rompe los dientes del otro con un palo. A raíz de este acontecimiento violento, los padres de los niños se reúnen, invitados los del niño agresor por los padres del niño agredido con un aparente tono conciliador para resolver el problema y lograr que los niños se “reconcilien”. Pero ninguno de estos objetivos se cumple porque la violencia que se muestra en los niños, está guardada en la mente de los padres también y esa incomodidad, ese malestar, se exterioriza progresivamente donde se destapa esta falsa compostura y se enfrascan en una discusión que –siempre con humor fino- rebasa los límites del respeto, la cordialidad y se desmorona cualquier intento de paz que los convoca.

Un Dios salvaje, una comedia de modales, sin modales (como se la ha nombrado en Quito) es una pieza teatral escrita por la actriz, autora y dramaturga Yasmina Reza, quien en el año 2000 recibió el Gran premio del teatro de la Academia francesa como reconocimiento a su trayectoria dramática. Su lucidez para mostrar los vericuetos de la naturaleza humana y su aguda crítica social, manejados con fino humor, le han otorgado en varias ocasiones el recibimiento al premio Moliere en Francia. En el año 2007 saca a la luz su obra Un Dios salvaje, la misma que recibe el premio Tony de Broadway en 2009 y que fue llevada a la pantalla grande en 2011 por el famoso cineasta Roman Polanski. La obra, desde su estreno en Francia, ha recorrido los mejores escenarios del mundo al ser puesta en escena por extraordinarios actores y actrices. China, Japón, Alemania, Rusia, México, Inglaterra, España, Estados Unidos, Argentina y Colombia han podido gozar de la riqueza y profundidad temática de este Dios salvaje. La cartelera de El Teatro del CCI, bajo la producción general de Cristina Rodas, estrenará en febrero esta pieza con un montaje espectacular a la altura del guión.
Al conversar con el director, Wilson León García Delgado, él habla de esta obra como “una historia que puede pasar en cualquier lugar, en cualquier ciudad y en cualquier grupo social cuando no se hallan las herramientas o la disposición para discutir o invitar al debate, sino que, por el contrario, aparece el combate. Ese Dios salvaje se trata de esas entrañas y ese descontrol que por más estudios y educación que se tenga, en un momento real, se pierde totalmente la compostura y todos los modales. La obra hace una crítica de las sociedades en cuanto a cómo sus estructuras sociales afectan a las relaciones humanas”.  El trabajo que Wilson realiza con cada uno de los actores y actrices tiene un proceso de mucha minuciosidad y exigencia. Utiliza la palabra del texto teatral para indagar en la emoción que los personajes experimentan y así transmitir claramente el mensaje de esta obra. “Hemos trabajado la historia llevándola de una manera paralela: una verdad en el subtexto (o pensamiento de los personajes) y, por otra parte, otra forma de decirlo que está en la acción y en la palabra y que se expresa en esa supuesta compostura que guardan los personajes, que es otra verdad pero que está afectada por la razón inicial que es la ira contenida de los personajes por los hechos dados entre sus hijos. Es decir, todo aquello que se guarda y no se dice por las convenciones o falsa modestia. Nuestras sociedades no están acostumbradas a debatir ni a dialogar –sea en el plano político, social o laboral– porque cualquier diferencia nos la tomamos de manera personal y es esa una de las cosas que critica la obra y que, también, invita a examinar nuestra capacidad para manejar el diálogo, el perdón y las reconciliaciones”.
El Dios salvaje que todos llevamos dentro

El Dios salvaje que todos llevamos dentro

Diego Naranjo, actor de experiencia, quien asume esta vivencia como un gran desafío, también hace una reflexión sobre la obra al decir que ésta evidencia cómo existe un hondo problema de comunicación y de apertura en las relaciones humanas. Un problema en el cual los seres humanos no estamos dispuestos a escuchar al otro, donde las parejas no se comunican y no expresan las cosas que les molesta sino cuando llega un momento extremo que detona sus incomodidades.

Para Cristina Rodas, actriz y productora, este montaje es algo diferente. Dicen que la creación de una obra artística es un hijo más. Para Cristina, este proyecto ha involucrado un largo proceso de gestación que ha implicado alrededor de tres años en que por momentos el llevarla a escena fue una idea lejana. La compra de los derechos de autor, la decisión de ponerla en escena, la elección del elenco tuvieron sus matices y cambios que de cierta manera para ella, ahora, presentarla es un regalo en dos direcciones: al público y a quienes trabajan en ella.

Por otra parte, Claudia González, actriz y sicóloga, que regresa a las tablas después de cuatro años, añade que es importante lo que Un Dios salvaje revela y es “el hecho de que los adultos tampoco pueden controlar esa rabia y, pues, de ser así, es entendible que los niños se comporten como se comportan porque el conflicto es de índole familiar y no un hecho aislado.”

Un Dios salvaje maneja un lenguaje universal que permite al espectador identificarse con la situación, mirarse en ella y reírse en el proceso. Es la mágica oportunidad que brinda el teatro para mirar y reflexionar, desde afuera, un comportamiento, un accionar propio. Encontrar este Dios salvaje que está escondido y abrazarlo. En el caso de Alex Cisneros, actor que ha conocido de cerca el proceso de preproducción y ha trabajo en algunos montajes junto a Cristina, este trabajo es otra manera de abrazar a este Dios. Es lo que él llama una purga, es liberar, es gritar, es enfrentarse a este sentimiento de ira escondida donde en ciertas ocasiones el único espacio que queda vivo es el silencio en sí mismo para poder sanar.

Como dice el director de este montaje: “el teatro sirve para poder encontrar formas de abrir conciencias sobre situaciones sociales complejas, para exponer problemas difíciles de hablar, para mostrar poéticamente lo que con palabras sonaría muy vulgar o para encontrar caminos de diálogo cuando las discrepancias no parecen abrir los senderos del entendimiento.”
El Dios salvaje que todos llevamos dentro

Por Carolina Burbano.
Producción: Andrea Eastman.
Fotos: Soledad Rosales.

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