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  • Miércoles, 10 de Marzo 2010

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Los más elegantes de 2009

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Poder y glamour

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No es una sorpresa que Carla Bruni o Michelle Obama hayan aparecido en la lista de los personeros mejor vestidos del año recién publicada por “Vanity Fair”. La Primera Dama de Francia y la de Estados Unidos han sido ampliamente aplaudidas no sólo por su estilo personal, sino porque sin más ayuda que su presencia y su abultado guardarropa han ayudado a promover las alicaídas industrias de la moda en sus respectivos países.

Tampoco es raro que Penélope Cruz ocupe un lugar destacado. Después de todo, si una estrella joven, bonita, con un ejército de diseñadores, estilistas, peluqueros y maquilladores a su disposición no puede aparecer en la lista, ¿entonces quién?
Ni siquiera es extraño que Letizia de Asturias se encumbre entre las más elegantes, considerando que sus vestidos y abrigos de Miguel Palacio, Adolfo Domínguez y Felipe Varela y sus zapatos de Manolo Blahnik, Pura López y Sara Navarro han sido imitados hasta el cansancio de Barcelona a Gijón.

Lo que sí sorprende es la presencia, por ejemplo, de la jequesa Mozah de Qatar, la esposa del emir Hamad que, abandonando toda la obligada modestia de tantas mujeres en esa región del mundo, apareció en Francia hace unos meses deslumbrando a todos con su túnica y turbante de Jean Paul Gaultier, adornado con un cinturón de diamantes y perlas que opacó a todas las presentes, incluyendo a la Bruni Sarkozy. Siguiendo la tradición musulmana, la sheika no mostró una huella de pelo o escote, y aun así fue la mujer más sensual de la noche.

De eso se trata esta lista en realidad porque, a pesar de estar repleta de personajes que no tienen problemas en abrir chequeras para adquirir un vestido de Dior couture un día y una cartera de Hermès al siguiente, recompensa, más que nada, la personalidad y ese “je ne sais quoi” que distingue a una “fashion victim” de una “fashion icon”.

Entre los hombres tampoco hubo grandes sorpresas. Mencionemos a Brad Pitt y Daniel Craig y, mientras termina de bostezar, mencionemos también al heredero de la moda italiana Mateo Marzotto y al ultra chic Arpad Busson, ex marido de Elle MacPherson y actual novio de Uma Thurman. Junto a ellos, por supuesto, está Barack Obama, porque sus trajes de Hart Schaffner Marx –que en su interior llevan la inscripción “fabricados exclusivamente para Barack Obama”– son el perfecto marco para un Presidente alto, delgado y atlético que irradia “cool” incluso en las situaciones más complicadas.

Intereses cruzados

En esta ocasión cinco nombres se agregaron al panteón: Catherine Deneuve, que debería haber pertenecido al Hall décadas atrás; la actriz Renée Zellweger, musa de Carolina Herrera; el extravagante conde Manfredi della-Gheradesca; la presidenta de L’Oréal, Liliane Bettencourt, una de las mujeres más ricas del mundo, y el heredero de la Fiat y “enfant terrible” de la aristocracia europea, Lapo Elkann.

La selección, según “Vanity Fair”, se hace a través de un jurado integrado por editores de modas, fashionistas, diseñadores y “connoisseurs”, pero es imposible no advertir ciertas preferencias y oportunismos. Renée Zellweger es la cara de Carolina Herrera en Hollywood, y su marido, Reinaldo Herrera, es la cara de Carolina en “Vanity Fair”, donde trabaja como editor de “proyectos especiales”. Liliane Bettencourt es una de las grandes avisadoras de la revista, igual que las hermanas Lauder, Aerin y Jane, que este año también fueron incluidas en la lista. Candy Pratts, otra elegante de 2009, es la editora de Style.com, el sitio web de “Vogue”, perteneciente a Condé Nast, la empresa editora de “Vanity Fair”.Y así es posible seguir desmadejando una telaraña de influencias, pequeños favores, gestos de amistad y convenientes negocios que a menudo terminan con un apretón de manos y un inofensivo halago. Algo así como: “¡Me encanta tu vestido!”.

Quizás por lo mismo, dicen algunos críticos, la lista ha perdido algo de brillo en el último tiempo.

Las cosas eran muy distintas en los años 40, cuando “The Best Dressed List” fue creada y estaba manejada por una sola mujer, Eleanor Lambert, también conocida como “la emperatriz de la moda americana”.

La Lambert, que nunca permitió que sus extraordinarias joyas y excesivos turbantes se interpusieran en su carrera de relaciones públicas, fue la gran pionera de la moda americana. Entre otras cosas, creó el Costume Institute del Metropolitan Museum –el actual templo de Anna Wintour durante su gala anual–, el Council of Fashion Designers of America, ahora presidido por Diane von Fürstemberg, y el Fashion Week. En definitiva, sin ella la moda de Nueva York estaría reducida a un puñado de creadores encerrados en galpones de la Séptima Avenida soñando con presentar, algún día, sus diseños en París.

Esta magnífica mujer murió el 2003 a los 100 años. Unos meses antes entregó como herencia a “Vanity Fair” su lista de los mejor vestidos, y desde entonces algunos de los personajes más famosos e influyentes del mundo se arrodillan frente a Graydon Carter, su editor, con la esperanza de algún día cruzar las doradas puertas del “Hall of Fame”.

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