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Sábado, 4 de Febrero 2012

Cristina Morrison

Geografía de una actriz

La artista ajusta su brújula y se instala en Nueva York en el reto más grande de su carrera, el mismo que, aunque no quiera admitirlo, ya ha empezado a superar.

La baronesa de Guápulo

Con un aire de sofisticación, del que le es imposible desprenderse, Cristina Morrison me recibe en su casa de Guápulo; se sienta, cómoda, pero algo nerviosa, con la guardia en alto. Sus facciones son fuertes y su mirada deja entrever la esencia de una persona que ha ejercido con maestría una de las destrezas indispensables de todo artista: el desapego que, unido con el talento que la caracteriza, se ha convertido en el pase directo al núcleo mundial del arte, al que muchos solamente sueñan con acceder: Nueva York.
Cristina es uno de esos espíritus libres que ha ido conquistando espacios con carisma y perseverancia. Su rostro es conocido en nuestro país por su trabajo. Es uno de esos “personajes” familiares en Guápulo, Quito, uno de sus hogares. Y digo ‘uno’ porque Cristina no está “atada” a ningún lugar ni atmósfera. Transita universos y personajes con solvencia y sin temor a lo incierto: “En el tema cultural no me siento extraña a nada. No tengo ese choque de culturas. Me muevo bien en cualquier cultura” dice.
Esta amante del arte escénico (la actuación, la música y, en menor medida, la danza) se entregó desde muy pequeña al quehacer teatral y, a pesar de que talvez no lo reconozca, su presencia artística en el Ecuador ha removido la energía y ha sido un gran aporte para aquellos que, como ella, han soñado con vivir la vocación del arte. Ella lo ha hecho. Incluso fundó en 1996, junto a Juan Carlos Terán, la fundación El Socavón de Guápulo, que funcionó activamente durante siete años y que representó un espacio cultural clave. Pero es el momento que está viviendo hoy el que nos habla de la posibilidad de ejercer la vocación artística con éxito, pues lleva poco tiempo en Nueva York y no ha pasado desapercibida. Nunca lo hace…
Las múltiples dimensiones de Cristina: libertad y pasión

Cristina nació en Miami, pero creció en el Ecuador, en donde permaneció hasta los diecisiete años y en donde supo, a la prematura edad de doce años, que quería ser actriz: “Soy muy afortunada de saber tan temprano lo que quise. Para mí no había opciones. Para mí fue súper claro” afirma.
A los diecisiete años se mudó a Italia con su madre, en donde entró en la academia La Scaletta y recogió experiencias que la moldearon como mujer y artista: “Ahí aprendí a cocinar, por ejemplo” dice, sonriente y espontánea y añade: “Europa me dio sofisticación”. Y fue, probablemente, esa sofisticación la que le abrió las puertas de una de las academias más exigentes en actuación en el mundo: la American Academy of Arts en Los Ángeles: “Tres años de la escuela te marcan para toda la vida” asegura. En esa ciudad se puso, además, en contacto con su lado ‘verde’, con lo ecológico y lo hippie.
Pero es Miami en donde, a pesar de que hay ciertas restricciones para el arte (obviamente, no tantas como en el Ecuador), le dio vida a su, quizás más memorable personaje: el de Petra Von Kant en el 2006 en la obra clásica de Fassbinder 'Las amargas lágrimas de Petra von Kant'. Y es que a Cristina se le dan muy bien los personajes con un aire europeo por su apariencia y su fortaleza. Otro papel que le sirvió para poner su talento en vitrina (uno de los primeros) fue el de la baronesa en el proyecto televisivo “El diablo en el paraíso” con RTV Caracas en 1993; el mismo que se convirtió en un posterior sobrenombre.
Morrison no sólo se ha dedicado a la actuación. También se vio atrapada por la música. A los 15 años estuvo en una banda. La dejó y retomó la música a los 26; en el 2000 creó el proyecto “La baronesa y sus amantes” con Héctor Napolitano. Hubo un tiempo en que Cristina trasladó su morada a las Islas Galápagos, en donde permaneció cinco años y en donde su amor por la naturaleza se combinó con su pasión por el jazz; la que ejerció con su banda. Vivía entre Galápagos y el resto del país, sobre todo Quito, a donde viajaba constantemente por presentaciones. La danza, por otra parte, estuvo en su vida desde los once años de edad, como una manera de permanecer activa.
Cristina es, además, madre de dos hijos y esconde su fragilidad cuando se toca el tema emocional; la reserva para los escenarios: “No quiero hablar mucho de ese tema; pero sí, las relaciones son difíciles. Necesitas alguien ‘especial’ que comprenda tu trabajo”. Sus dos hijos viven con ella en Nueva York y Cristina ha tenido que sacrificar mucho por ellos; pues, a pesar de la intensidad de su quehacer artístico, ellos siempre serán su prioridad.
Sacudirse las experiencias de la piel; dejarse llevar por una sensación, entregarse al impulso creativo… Cristina sabe muy bien de qué se trata aquello y en la capital del mundo alguien se dio cuenta.

El primer mordisco: lo que trae el futuro

Actualmente, Cristina se encuentra montando Enemies: a love story, basada en la novela de Isaac Bashevis, una obra estimulante y bien escrita, un lujo para cualquier actor. Ésta fue su primera audición y su primera aceptación; eso es más de lo que muchos pueden decir, por lo que considera a su primer mordisco a la gran manzana relativamente exitoso, aunque se exige más: “En Nueva York no me conoce nadie. Soy una actriz más” sentencia y confiesa que mudarse a la meca del arte fue un proceso difícil y arduo.
Lo que viene es más aventura y nuevos retos. Sueña con hacer straight theatre en Broadway; cine independiente en Nueva York o formar parte de algún proyecto interesante en televisión. Las posibilidades son infinitas y su carrera está en un punto exquisito. Espera reconocimiento pero disfruta de la enorme fortuna que significa poder vivir su arte a plenitud: “Mientras pueda seguir haciendo proyectos interesantes y de calidad, me sentiré satisfecha” asegura esta mujer indefinible, inagotable, ilimitable.

RECUADRO
Su camino
Algunas de sus apariciones más destacadas:

- Magda en “Magdalene’s Dreams”, Miami 2006
- Petra en “Las amargas lágrimas de Petra von Kant”, Miami 2006
- “Monólogos de la vagina”, Quito, Ecuador 2003
- “Primer amor” de Samuel Beckett 2002
- “El miedo imaginario de Amparito A”, Quito, 1986
- Virginia Klinger en “Sé que vienen a matarme”, largometraje, Ecuavisa, Ecuador 2007
- “Decisiones” Telemundo, 2005
- La baronesa, en “El diablo en el paraíso” RTV-Caracas, 1993
- María Julia en “Los Sangurimas”, miniseries, Ecuavisa, 1993

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