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Jueves, 17 de Mayo 2012

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Pequeños crímenes...

Conyugales

¿Será que el amor de pareja es capaz de sobrevivir a esos pequeños crímenes conyugales que lo matan, o que por lo menos atentan contra su existencia? Ésta es la reflexión que nos dejará sin duda la obra de teatro de gran éxito internacional “Pequeños crímenes conyugales”.

El tedio, la incomunicación, el menosprecio parecerían ser las armas más amenazantes. Eso es lo que plantea la nueva obra de El Teatro: “Pequeños crímenes conyugales”, que se estrena en marzo. Una obra del francés Eric-Emmanuel Schmitt que traspasó con gran acierto sus estudios de filosofía, a su pasión de escribir dramaturgia. Su obra ha sido replicada en varios países y hoy, bajo la dirección de Manuel Orjuela y la actuación de Cristina Rodas y Manuel Calisto llega al público ecuatoriano.

“A veces estamos muy atentos a los defectos de nuestra pareja y nos encargamos de recalcarlos a cada paso, ésa es una gota que va minando una relación”, dice Cristina. Por su parte más escépticamente “Manuco” Calisto afirma que: “si todo tiene fin: la salud, la belleza, la vida misma, no entiendo por qué nos imponen que la relación de pareja sea para siempre”. Manuel Orjuela tal vez más optimistamente dice que “caemos en un error cuando pensamos que la vida en pareja está compuesta sólo de idilio y de momentos felices. Los malos momentos son parte indisoluble de esta relación”. Tres opiniones diferentes para un mismo tema. Y es que en cuanto al amor, la convivencia y la pareja, ¿quién tiene la verdad? Probablemente nadie. Lo que sí es cierto, según la crítica, es que “Pequeños crímenes conyugales” hay que verla, para reír, para verse reflejado y, como dicen sus protagonistas, para pensar que aquello que nos pasa a nosotros, también les pasa a otros.

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha subido a las tablas usando máscaras y representando las inquietudes más inmediatas que aquejan al hombre. Hoy el teatro no ha perdido su función de hacernos reflexionar, de hacernos reír de nosotros mismos y escudriñar en los rincones de nuestra alma. El Teatro del CCI también está cumpliendo su función.
Pequeños crímenes...

Por una parte, de hacer del teatro una actividad atractiva, en una cuidad donde no ha habido una tradición de asistencia al teatro, y por otra, brindar a actrices y actores la oportunidad de ejercer su oficio dignamente. Es sabido que los actores, de teatro sobretodo, lo son por amor al arte, no obstante, son algunos los que en el camino, han abandonado el oficio porque simplemente la necesidad ha superado a la pasión. Y en ese sentido Cristina Rodas, que además de ser actriz de profesión es productora de las obras de El Teatro, se siente satisfecha.
Pequeños crímenes...

La dramaturgia también es la oportunidad de descubrir nuevos talentos. “Manuco” Calisto tiene casi dos décadas como actor. Quien sigue de cerca los festivales de cortometrajes ecuatorianos, seguramente sepa de él. La televisión ha sido un campo que no le ha atraído. “Sólo en una ocasión estuve en la pantalla chica, y fue porque participé en el cortometraje de “El Gran Retorno” de Viviana Cordero, que ganó varios premios y que finalmente una de las cadenas nacionales decidió convertir el proyecto original en un seriado”. Manuco es de aquellos que siente lo que hace y no se vende ante la fama o las bambalinas. “Soy selectivo cuando escojo un proyecto, yo parto de la premisa de que tiene que gustarme lo que hago”. Y fue así como participó en el largometraje de Víctor Arregui, “Cuando me toque a mí”, una obra que concursó en el Festival de Cine de Biarritz, en Francia, donde el jurado calificó la actuación de Calisto como la mejor de la selección. Un premio que ratifica que talento en nuestro país, no falta, y quienes hacen cine o teatro de calidad no sólo cumplen un oficio bello sino que propenden a encontrar, madurar y cosechar nuevos talentos.

Es la primera vez que Manuco Calisto sube a las tablas y confiesa ha sido un salto que ha requerido de un esfuerzo de adaptación. Sin embargo sus compañeros no dejan de insistir en la sorpresa que ha sido. Cristina lo califica como “revelación” y Manuel Orjuela como “sincero” una virtud imprescindible para un actor que quiere llegar a profundos niveles de intimidad con su personaje.

Es un trío donde se nota que la energía fluye. Cristina es chispeante, vivaz, Manuco parece encerrar para sí todo un mundo que lo expresa en el escenario y Manolo tiene la virtud de sacar de ellos todo lo mejor.
Se confiesa como un director conciliador que no impone nada sino al contrario, que “negocia” con cada uno de los actores los sentimientos, posturas y reacciones de sus personajes.

La obra, como dice Orjuela, no pretende ser pedagógica sino un reflejo de una realidad actual y común, pero a Cristina le queda una enseñanza que espera poder trasmitir al público: “Cuando una persona tiene una relación de pareja es preciso trabajar en uno mismo, en ser mejor, para poder serlo también para la otra persona”. Una obra que mezcla ternura, humor, suspenso y una buena dote de reflexión. Para quien tiene una pareja, para quien la ha tenido o para quien la piensa tener, “Pequeños crímenes conyugales”, una obra de teatro en El Teatro.


María Eulalia Silva

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