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Jueves, 23 de Febrero 2012

Ricky Martin

Soy gay ¿Y qué?

Está claro que el mundo no está completamente listo para aceptar al 100% una orientación sexual “diferente”. Pero hay personajes que, al confesar sus preferencias abiertamente, comienzan a educar a la sociedad, en busca de tolerancia. Esta es una historia que habla de cuando el silencio duele más que el rechazo.

El galán está enamorado… ¿de otro galán?

La lista de famosos que han aceptado públicamente su homosexualidad es larga (aunque no lo suficiente): Rosie O’ Donell, Ellen Degeneres, Elton John, Lindsay Lohan, Christian Sánchez de RBD, Jodie Foster, George Michael, Freddy Mercury, Ruppert Everett, Alejandro Amenábar, Ian McKellen y ahora… Ricky Martin. “Ha sido un proceso muy intenso, angustiante y doloroso pero también liberador. Les juro que cada palabra que están leyendo aquí nace de amor, purificación, fortaleza, aceptación y desprendimiento. Que escribir estas líneas es el acercamiento a mi paz interna, parte vital de mi evolución. Hoy ACEPTO MI HOMOSEXUALIDAD como un regalo que me da la vida. ¡Me siento bendecido de ser quien soy!” afirmó el boricua, amado por millones de mujeres alrededor del mundo. La noticia fue una verdadera bomba para sus fans, aunque la mayoría ya lo sospechaba. Sin embargo, su aceptación pública, como semi-dios del espectáculo, tiene una influencia fuerte tanto para quienes apoyan, como para quienes rechazan la homosexualidad. Las celebridades se convierten en verdaderos ídolos, a los que se les rinde culto y de quienes se espera mucho. Por eso cuando una celebridad homosexual declara abiertamente su orientación, el ánimo de quienes forman parte del “gremio” suele ser de celebración.
Pero hablar públicamente de homosexualidad no siempre fue tan sencillo: “Me gusta mantener mis secretos y creo que moriré con ellos” decía Rock Hudson, el primer gay célebre de la industria cinematográfica. Sin embargo, no fue así, pues, su hasta entonces, secreta homosexualidad lo acompañó hasta la tumba, no precisamente porque se mantuviera en silencio. Su estilo de vida le acarrearía consecuencias nefastas, debidas, por supuesto, a la ignorancia que existía en esa época sobre la que en ese momento era una enfermedad nueva e incomprensible: el SIDA. Fue el encontrarse en un grave estado de salud lo que lo empujó a confesar su orientación sexual, sobre todo, para que la gente se informara sobre la enfermedad. Su homosexualidad, sin embargo, fue un duro golpe para sus seguidores, quienes lo colocaban en el más alto pedestal de masculinidad y sex appeal.

El anonimato: oscuro, asfixiante y seguro

La mayoría de homosexuales escogen el silencio por miedo al rechazo, e incluso a la violencia. Carina Vance, Directora Ejecutiva de la Fundación Causana y ex miembro del Comité Ecuatoriano de iniciativas LGBTI sufrió en carne propia el rechazo, incluso a pesar de que en ese momento ni siquiera vivía en el Ecuador, sino en la, supuestamente, abierta sociedad europea:

Yo ahí tuve mi primera “novia”; tenía trece años. Creo que hasta ahora me marca lo que sucedió. Yo estaba en uno de los buses, camino a la casa. Estábamos cogidas de la mano y en eso entró un grupo de chicos y chicas de veinte años, más o menos. Ellos vieron que estábamos cogidas de la mano e inmediatamente percibimos una mala onda de su parte. Nos soltamos en seguida, pero ellos ya nos habían visto. Empezaron a escupirnos. Luego uno de ellos se sentó atrás mío para insultarme. Cuando me di la vuelta para enfrentarle, él me dio un puñete en la cara. Me bajé del bus aliviada, cuando sentí que me dieron una patada desde atrás.  Me siguieron hasta la casa, pateándome, gritándome... Para mí era una cuestión de orgullo no correr. Así que seguí caminando, pero recibiendo patadas.

Esta vivencia traumática significó un duro despertar para Carina quien, sin embargo, y como pocas, ya había iniciado un proceso de aceptación y descubrimiento de su sexualidad, desde una perspectiva muy madura para su corta edad: “Fue no sólo un descubrimiento de mi homosexualidad, sino también de la reacción de la sociedad frente a ella” cuenta. Más tarde, Carina regresaría a Quito, para terminar sus años de secundaria, pero aquí no le fue posible vivir abiertamente: “Literalmente, tenía una doble vida” asegura. Por ello, pasó doce años en los Estados Unidos, en donde desarrolló su carrera universitaria y de maestría, para regresar a su país segura de quién era y de lo que quería. “Cuando regresé en el 2004, más o menos, fue un impacto llegar y ver en una universidad la bandera Gay” cuenta. Las cosas habían cambiado muchísimo. Hoy, Carina reside todavía en Quito y vive su identidad sexual a plenitud y sin temor.
“generalmente, a mis pacientes católicos les cuesta muchísimo, porque se aceptan como homosexuales, pero luego viene la culpa, el arrepentimiento la duda”. Parece que el “No yacerás con varón como yaces con mujer: es abominación” del Levítico todavía tiene vigencia. “En el ámbito legal estaba la noción de crimen, que en el Ecuador se modificó en la Constitución de 1998,. En el discurso médico existía la noción de enfermedad, que ya ha desaparecido, casi por completo, pero en el concepto religioso se mantiene la noción de pecado. En ese sentido, no hemos evolucionado nada” analiza Prado.

Entonces…¿salir o no salir?

Prado aconseja prudencia: “No pienso que una persona homosexual no pueda alcanzar su plenitud si no lo comparte con todo el mundo. Hay que saber seleccionar con quién se habla del tema y también comprender que no es necesario hacer propaganda. Está claro que la sociedad no lo admite y no hay necesidad de provocar, ni de caer en clichés. La orientación sexual es sólo una parte de la persona, no es la persona”. Afirma haber atestiguado casos en los que la persona puede mantener su homosexualidad en cierta ambigüedad, sin necesidad de negarse o caer en la “auto-homofobia” y sugiere que el proceso sea llevado con calma y tratando de no perderse en la efervescencia inicial que experimenta una persona cuando se asume como homosexual. La describe como una especie de adolescencia tardía: “Como ha habido muchos años de represión, la persona es como un volcán en erupción y puede caer en la promiscuidad, o cometer el error de hablar con todo el mundo sobre su sexualidad, sin estar preparado” observa el terapeuta. No existen recetas ni pasos para vivir plenamente la homosexualidad, pero ciertamente tener de su lado a figuras mundialmente reconocidas y celebrar con ellas una manera de ser y de sentir siempre ayuda…

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