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Sábado, 4 de Febrero 2012

Juan Manuel Santos Hacia la

En la cuenta regresiva para suceder a Uribe en el cargo de Primer Mandatario de Colombia, Juan Manuel Santos afina su agenda, tras la arrolladora victoria del 20 de junio, que le dio más de 9 millones de votos y un 69% frente a su contendor Antanas Mockus, que obtuvo el 27%

Era un triunfo anunciado, las encuestas se equivocaron en la primera vuelta, pero los datos de la segunda eran más que evidentes: Santos tenía una gran ventaja sobre su contendor Antanas Mockus, y eso se fue palpando a lo largo de la corta campaña de la segunda vuelta, en que las alianzas y adhesiones a Santos no se hicieron esperar. El Partido Liberal, el Partido Conservador, y varios gremios de fuerte influencia expresaron su apoyo al candidato oficialista, de alguna manera movidos, como la mayoría de ciudadanos, por la convicción de que es lo que Colombia necesita en este momento de su historia.

Ni el fútbol, ni la lluvia, ni el vaticinio de un gran abstencionismo –cercano al 50% en la primera vuelta- impidieron que Juan Manuel Santos Calderón, de 59 años, fuera elegido por voto popular como el nuevo Presidente de Colombia. El empresario, ex ministro de Defensa y sobrino nieto del ex presidente Eduardo Santos, gobernará los próximos años, con una política, si bien similar en muchos aspectos a la del Presidente Uribe, distinta en otros y en estilo.
Conciliador con la oposición y radical con la guerrilla

¡Gracias Colombia! Fueron las primeras expresiones de Santos en su discurso en el coliseo Campin de Bogotá, cuando celebraba el triunfo con sus simpatizantes. Minutos después, en expresiones espontáneas, sin papel ni ayuda memoria, felicitaba a Mockus por su campaña e invitaba a dejar atrás cualquier rencilla o distanciamiento, como dijo él, propios de la euforia de una campaña electoral. Invitó a su contrincante y a los del Partido Verde a ser parte de su gobierno, llamó a la unidad nacional, olvidándose de las diferencias, y en el plano internacional, hizo un llamado a los países de la región a trabajar en la hermandad y olvidar rencores del pasado.

Robó un aplauso de la multitud presente cuando ofreció su agradecimiento a Álvaro Uribe, a quien calificó como “uno de los mejores presidentes de Colombia”. Con certeza Uribe fue un gran triunfador en estas elecciones, al ser el promotor de Santos y garantizar así, la continuidad de su política.

Algunos analistas coincidían en que tanta diplomacia, tanto acercamiento con todos los frentes y tanta nobleza, resultan excesivos en un presidente electo que contará con mayoría absoluta en las dos cámaras del Congreso, y que tiene un respaldo de la población del 69 %. Es probable que este discurso conciliador sea solo una expresión de humildad al calor de la victoria y que en los hechos, desde el Palacio de Nariño, las decisiones políticas tengan un tono mucho más agudo y radical.

Eso sí, en el tema de la guerrilla Santos fue implacable, no habrá diálogo, mientras de manera unilateral no se diera la liberación de los secuestrados. “A la guerrilla se le acabó el tiempo”, “al terrorismo se le terminó el tiempo”, dijo una y otra vez, confirmando que en este tema –quizás el más sensible para los colombianos- su política no será ni de negociación ni de conciliación, y que por sobre todas las cosas, condenará el secuestro, el terrorismo y el narcotráfico.
Los retos de Santos y la relación con los vecinos

El nuevo presidente recibe un país que demanda muchas soluciones y respuestas a varios problemas.
La pobreza que azota a 28 de los 44 millones de colombianos es un gran problema entre manos, sumado al índice de desempleo que es del 13%. El nuevo Presidente ha ofrecido crear dos millones de puestos de trabajo.

Salud, educación, vivienda digna y oportunidades para todos, son las ofertas de campaña de Juan Manuel Santos, que ahora se convierten en retos a afrontar y resolver. Cómo lo hará y qué estrategias emprenderá, son parte de los desafíos que desde ahora asume con todo su equipo de trabajo.

La corrupción oficial, instalada en el Estado, es otro de los problemas urgentes, que según las cifras absorbe casi el 20% del presupuesto nacional.


El debilitamiento del sistema de salud pública es un tema también sobre el tapete. Se dice que el sistema está colapsado y que requiere de una reforma inmediata.

En el tema económico, Santos está al tanto de los proyectos prioritarios, deberá aplicar medidas productivas, sobre todo en el agro y seguramente hará un análisis de los acuerdos de libre comercio que Colombia ha suscrito en estos últimos ocho años.
En las relaciones internacionales, si bien Santos hereda de Uribe grandes y graves desacuerdos con sus vecinos Ecuador y Venezuela, cuyas relaciones diplomáticas son inexistentes en el caso de Ecuador y están congeladas en el caso de Venezuela, los colombianos y la comunidad internacional confían en el estilo más sosegado y diplomático, y menos confrontador respecto al de Uribe.

Una señal inicial fue que invitó a los gobiernos del Ecuador y Venezuela a “abrir caminos de cooperación hacia el futuro. Aspiro a trabajar de la mano con los países vecinos, a desarrollar una agenda conjunta de cooperación e integración en todos los frentes”. Dijo además que en este tipo de relaciones conflictivas “siempre hay dos alternativas: mirar con amargura hacia el pasado o abrir caminos de cooperación al futuro”.


En el ámbito de los derechos humanos, el nuevo presidente debe resolver lo antes posible el escándalo internacional de los falsos positivos, más de dos mil muertes en manos de las fuerzas militares para presentar como bajas logradas en combates –que jamás sucedieron- y cobrar así recompensas de aproximadamente 1.500 dólares por baja.

La agenda es amplia, la lista es casi interminable, y a partir del 7 de agosto Colombia entera espera la respuestas del nuevo gobierno.

Las diferencias con Uribe: de la seguridad democrática a la prosperidad democrática

Es indiscutible la imagen que Santos proyectó a lo largo de su trayectoria política. Estratega, frontal, un hombre de decisiones que no teme a los cuestionamientos cuando sus convicciones le ordenan tal o cual cosa. No en vano ha sido el estratega de los mayores golpes contra las FARC, mientras ejercía como ministro de Defensa del régimen de Uribe (2006-2009). Fue Santos quien ordenó el operativo del 1 de marzo del 2008, en el que fue abatido el número dos de las FARC, Raúl Reyes, en un bombardeo a un campamento en tierra ecuatoriana, lo que dio lugar al rompimiento de relaciones entre Ecuador y Colombia. Santos también estuvo al frente de la operación Jaque, por la cual rescataron a 15 rehenes, entre ellos la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y tres estadounidenses.

Con estos antecedentes y una verdadera carrera en el ministerio de Defensa, muchos pensarán que la política de Juan Manuel Santos desde la presidencia se enfocará en el tema seguridad.
Sin embargo, en sus primeras intervenciones ha dado señales, también con el ánimo de marcar cierta diferencia con su antecesor, de que ve otras necesidades en Colombia y que su gobiernos se enfocará también a resolver problemas económicos, de empleo, productividad, salud y educación. Sus primeros nombramientos de ministros muestran un estilo muy técnico y no necesariamente continuista.

Quizás en esa línea haya que leer su propuesta de “prosperidad democrática”, a diferencia del slogan de “seguridad democrática” creado por Uribe. Desde esa perspectiva, el nuevo gobierno colombiano no descuidará el tema de seguridad y erradicación de la guerrilla y la violencia, pero ansía mostrarse como un gobierno con un perfil más social. De ser así, Santos tendría todo a su favor, por un lado, la imagen de Uribe como gran defensor de la seguridad y, por otro, el plus que el propio Santos sea capaz de añadir como un gobierno, además de conciliador con la oposición, preocupado por la pobreza, la economía y los grandes problemas sociales.

Si entonces buscamos la fórmula de qué es aquello que convirtió a Santos en ganador y le otorgó más de 9 millones de votos, quizás la respuesta esté en el justo equilibrio –al menos en términos de imagen y estrategia de campaña-: una justa dosis de continuidad respecto a la política Uribista, y otra justa dosis de creatividad, apertura y sensibilidad a los problemas urgentes de Colombia. Haciendo de esto casi una ecuación, podríamos decir que los seguidores de Uribe votaron por Santos convencidos de que su voto garantizaría la continuidad y que quienes no simpatizan con Uribe también votaron por Santos convencidos de que, pese a la continuidad, le dará un enfoque nuevo a su gobierno.

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