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Sábado, 4 de Febrero 2012

Millonarios bajo el sol

John Elkann, Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo

Esta pequeña embarcación es un símbolo de poder y riqueza. A sus 34 años, Elkann es el nuevo presidente de la Fiat. Le acompañan su cuñada y el novio de ella, príncipe de Mónaco, aunque no lleva el título.

John Elkann Agnelli parece un papá común y corriente paseando a sus hijos bajo el sol de Formentera, en España. Sin embargo, es el nuevo presidente de la Fiat y, a los 34 años, uno de los magnates sub 40 más poderosos y acaudalados del mundo. Junto a él su mujer, Lavinia Borromeo, también luce como una linda mamá sin más intereses que cuidar a sus dos pequeños hijos; aunque, de hecho, es una aristócrata italiana a la que le basta mover su dedo meñique para poner a toda la prensa a sus bellos y cuidados pies.

Ambos destilan juventud, glamour y riqueza junto a otra pareja emblemática de la nueva generación de glamorosos millonarios europeos: Beatrice Borromeo y Pierre Casiraghi. Beatrice es la hermana menor de Lavinia, y Pierre el hijo menor de Carolina de Mónaco, el que, dicen, se parece más a ella en lo seductor y enamoradizo.

Desde que John Elkann asumió como nuevo presidente de la empresa que formó su abuelo Gianni Agnelli, hace un par de meses, no había aparecido en público con su señora ni, menos, con sus hijos. Por eso, estas fotografías están dando la vuelta al mundo y encandilando a todos por la sensualidad y millones que dejan entrever. Porque en las imágenes se ven dos parejas jóvenes y los niños de una de ellas, pero no se ven los guardaespaldas, el precio del yate en que salen a navegar ni, menos, las cuentas bancarias de cada uno.

A Lavinia le encanta presentarse como una “persona normal” e insistir en que la suya es “una familia normal”, sin darse cuenta de que las personas normales jamás necesitan dar pruebas de su normalidad en entrevistas como una que recientemente ella dio a “Vanity Fair”. Podría ser considerada normal si esa palabra pudiera incluir siglos de privilegios y una impresionante lista de antepasados que incluye banqueros, príncipes, hombres de Iglesia y hasta un santo, el cardenal Carlos Borromeo. Pero Lavinia y John se esfuerzan en mostrarse “comunes y corrientes”, detestan la prensa, odian llamar la atención y no dan cada paso pensando en que será registrado en una fotografía o en Internet.

Aunque toda su ropa es exclusiva, Lavinia dedica la mayor parte de su tiempo a sus niños y ellos son su principal tema de conversación. “Mis hijos tienen los ojos café, como su papá”. “Tenemos una familia grande, pero la mañana de Navidad y del mazapán es sólo para nosotros cuatro”, insistió a “Vanity Fair”. “Mi próximo proyecto es una serie de libros infantiles y ropa para niños”, agregó.
Cuando Lavinia Borromeo Elkann habla de “normalidad”, no se refiere a lo que usted o yo entendemos por el término, sino, simplemente, a su absoluto desinterés en la autopromoción. Pero a diferencia de lo que ella piensa, eso la convierte en la excepción, no en la regla.
Quizás el único punto negro en su dorada existencia sea la disputa familiar que John mantiene con su madre, Margherite Agnelli, que hace un tiempo presentó una batalla patrimonial contra los más cercanos colaboradores del fallecido Gianni Agnelli, sus abogados y hasta su familia. “Es un caso muy triste”, aseguró Lavinia con su acostumbrada discreción y buenos modales, “no logramos comprender qué sentido tiene todo eso. A John le ha dolido desde el primer día”.

Los Elkann se casaron en septiembre de 2004, en una magnífica ceremonia realizada en la propiedad de los Borromeo en Isla Bella, con una torta de chocolate de 5 metros de alto y una lista de invitados que incluyó a Silvio Berlusconi, Henry Kissinger y Elle MacPherson.

Según “Vanity Fair”, los ojos de Lavinia todavía brillan cuando recuerda esa ocasión, y después de casi seis años de matrimonio y 11 de romance, ella sigue “enamorada como el primer día”.
Beatrice y Pierre

La hermana menor de Lavinia es muy distinta y, de hecho, la presentan habitualmente como “la rebelde de la familia”. Más bella, quizás, que Lavinia, y más estilosa, Beatrice es animadora de televisión y acostumbra dar opiniones muy radicales, tanto que algunas veces la mencionan como simpatizante del Partido Comunista.

Vive en Milán y allí conoció a Pierre Casiraghi cuando éste se inscribió en la universidad local para estudiar administración de empresas, tal como hace muchos años hizo su padre, el fallecido Stefano Casiraghi.

La sangre italiana que corre por sus venas, hizo a Pierre bastante voluble en temas de amor y cuando conoció a Beatrice, ya había tenido varias conquistas; pero aunque el comienzo de su romance parecía repetir esquemas anteriores, han seguido juntos por casi un año. La joven aristócrata italiana –la condesita le dice la prensa europea– es una mezcla de belleza, rebeldía y buenos modales que, al parecer, conquistó al príncipe monegasco que no lleva ese título por decisión de su madre. Cuando sus tres primeros hijos nacieron, Carolina tomó esa actitud para que los paparazzi no los persiguieran toda la vida, como lo habían hecho con ella. No lo consiguió y estas fotos son la mejor prueba de que allí donde aparezca Pierre, siempre habrá un paparazzo...

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