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Sábado, 4 de Febrero 2012

Stefanía Fernández, una miss a carta cabal

Es alta, altísima; más todavía con los tacos número doce, en los que se supone debe estar subida. Maneja sus manos con delicadeza y su sonrisa está a la disposición. Luce lo suficientemente sexy para ser admirada y lo suficientemente recatada para no caer en el mal gusto. Stefanía Fernández, actual Miss Universo, estuvo con Cosas en su visita a Quito, invitada por AVON.

Tras esta mujer físicamente perfecta, sorprenden algunas cosas. La primera es que es una adolescente. Tiene diecinueve años y se inscribió en el Miss Venezuela cuando apenas tenía diecisiete. Tiene un record mundial, pues es la primera Miss Universo coronada por una compatriota, una pretensión que Venezuela había perseguido desde hace mucho tiempo y que la consiguió cuando en agosto del año pasado, Dayana Mendoza coronó a Stefanía en las Bahamas. Sorprende su devoción a la Virgen Pastora y también la historia familiar atrás.

Lo que no sorprende realmente son las agendas mortalmente apretadas de ésta y de todas las Miss Universo. Hoy en Ecuador, mañana en Colombia, en una semana en el sudeste asiático, y a fin de mes en La Patagonia. Así es la vida de Stefanía desde hace diez meses. Desayuna con los medios, al mediodía fotos para una revista, a la tarde un evento oficial y a la noche en un avión hacia la siguiente cita de trabajo. Hermoso ser hermosa, hermoso ser reconocida como tal, pero ése es el precio que paga la mujer que gana el título. Una vida pública vertiginosa, un año en la vida en la que Stefanía deja de ser Stefanía, para ser Miss Universo.

¿No hechas de menos el poder salir en jeans y zapatos cómodos, tomada una “cola de caballo”, sin maquillaje a la calle y sin tener que sonreír a todo el mundo?, le pregunto cuando me recibe en una de las salas de las suite presidencial del Hotel Marriot. “Sí…eso lo consigo cuando estoy en Nueva York. Ahí nadie me conoce, salgo, camino y voy a cenar en cualquier parte, sin que nadie se acerque”. Curiosamente, el sitio de su domicilio actual es una madriguera de concreto, rodeada de ejecutivos estresados que no tienen idea de que la chica esbelta es Miss Universo y que tampoco les importa. Si alguien la mira, seguro pensará que es bonita, pero nadie la detendría por un autógrafo o una foto. Eso no sucede en la Gran Manzana, pero sí en países donde la cultura de las Misses es muy fuerte.

Y para muestra un botón. Más de quince mil personas se volcaron a las vías a saludar a Stefanía cuando volvió a Venezuela luego de ser coronada. Y para no pecar de amnésicos, recordemos que nuestro país se paralizó por varios días cuando se llevó a cabo el certamen de Miss Universe en el 2004.

Hoy Stefanía es la chica del momento. Nació en medio de una situación privilegiada, pero ha heredado un legado de esfuerzo. Sus padres, pero sobretodo sus abuelos, vencieron la adversidad y consiguieron salir adelante en medio de muchos obstáculos. Y esa lección Stefanía la tiene aprendida. Nieta de ruso, polaca y españoles, la reina de belleza cuenta con orgullo que su abuela trabajó como empleada doméstica hace muchos años. “Mi abuela llegó a Venezuela huyendo de Polonia en la Segunda Guerra Mundial, llegó muchachita y no tenía nada, empezó a trabajar como la señora del servicio” cuenta. Su abuelo tuvo una historia parecida, ambos se conocieron, se casaron y se convirtieron en el Señor y la Señora Krupij. “Mi abuela cuenta que cada vez, que recibía su salario, ella compraba un ladrillo, así hicieron su casa”. La historia del padre también es meritoria. El papá de Stefanía se quedó a cargo de unos parientes en España cuando apenas tenía ocho años. Sus padres emigraron a Venezuela para establecer un negocio vinculado con la madera y diez años después, cuando él era una joven de dieciocho se reunió con ellos y se hizo cargo del aserradero. ¿Te han marcado estos hechos? Pregunto. “Sí claro. De ellos tengo la perseverancia, de saber que nada viene fácil y de ser una persona con los pies en la tierra, pero creo que también tengo el sentido del humor venezolano de reírse de los problemas”. Y eso parece haberlo aplicado años atrás.

Esta hermosa mujer perdió un concurso de belleza en su Mérida natal. “Éramos quince concursantes, se entregaron doce bandas y yo no tuve ni una” ahora recuerda entre risas.

Y seguramente esas dotes fueron las que la llevaron a conseguir los títulos que después obtuvo. Porque un concurso de belleza no es una exposición de mujeres bonitas solamente. Es una guerra sicológica entre ellas para mantenerse firmes, calmadas, amables y disciplinadas en medio de una vorágine de decenas de mujeres hermosas en busca de lo mismo: la corona. Un concurso de éstos no sólo gana una mujer hermosa, sino una mujer empática, capaz de sintonizar con todo tipo de audiencias. Un muchacha que por cansada que esté, tiene que seguir erguida sonriendo a todo el mundo, y que cultive las virtudes de la prudencia para no crear polémica alguna y la de la sencillez para cautivar a todo el mundo: eso es una miss.
Pero más allá de su impecable desempeño como reina de belleza, Stefanía es una joven sencilla que se apoya mucho en la fe. Está vestida con un vestido azul y tiene una delgada cadena de oro. En un momento de la conversación, muestra la medalla que tiene escondida en esa cadena. Es la Virgen Pastora, su devoción. “Cuando empezaron a nombrar a las quince finalistas del Miss Universo no nombraban a Venezuela, fueron momentos eternos y yo le pedí a La Pastora estar yo entre las finalistas, le prometí en ese momento, que si ganaba el concurso le iría a ver y le daría una réplica de mi corona. El último país en ser nombrado fue el mío. Luego quedé entre las diez, después entre las cinco y finalmente gané. Meses más tarde volví a Venezuela a pagar la promesa y hoy la Virgen Pastora tiene una corona de Miss Universo”.

Además de viajar, posar o modelar, Stefanía tiene contacto con grupos vulnerables y desfavorecidos. Se ha alineado a varias causas, pero con la que más involucrada está, es con la comunidad portadora de VIH. Ha trabajado de la mano de “Aid for Aids”, y piensa continuar en el futuro apoyando un interesante proyecto de redistribución de antiretrovirales –que son las medicinas que ayudan a los portadores a mantener una calidad de vida aceptable- entre el grupo de necesitados. Otra causa que ha apoyado es “salva a una niña” en India. Allá en ciertas comunidades y por cuestiones idiosincráticas, cuando un bebé nace se espera que sea varón, si quien viene es una niña muchas veces la decepción es tan grande, que la sacrifican. Stefanía viajó hasta allá para dar un mensaje de que las mujeres también estamos para hacer cosas importantes en la vida y tratar así, de detener la matanza de niñas.

Esta vez estuvo de visita en Quito por un par de días, como parte de la campaña de Clearskin Professional, una línea de productos Avon orientada a combatir el exceso de grasa en el cutis, de la cual Stefanía es la imagen oficial. Avon cuenta dentro de su equipo de trabajo con la Dra. Cheryl Karcher, dermatóloga reconocida a nivel mundial, y dermatóloga oficial de Miss Universo. Gracias a eso, Stefania conoció a Avon y utilizó el tratamiento de ClearSkin Professional. Karcher mostró a la compañía dos fotografías de Stefanía, con el antes y el después de utilizar el producto y de esta manera, la compañía escogió a Stefanía como imagen de su nueva línea.

En pocos meses Stefanía dejará el reinado y empezará a construir una vida que desde ya, parece prometedora. Entrará a la universidad, seguramente estudiará comunicación, y tiene un contrato de trabajo por dos años que le espera en Venevisión, en su país. Es muy joven aún para saber qué pasará con ella en el futuro, por lo pronto su temple, sencillez y determinación serán una carta a su favor.

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