Hacienda La Montaña


Un entorno rural es el escenario de la casa campestre en la hacienda La Montaña, lugar que es habitado por un singular huésped de nobleza y garbo, el caballo peruano de paso, que es una raza equina oriunda del Perú, descendiente de los caballos introducidos durante la conquista, considerado Patrimonio Cultural del Perú por sus proporciones corporales y por su andar lateral. De ahí que, la pasión de los dueños por los caballos  les motivó a construir un refugio equino que incorpora una experiencia de contacto cercano entre los visitantes y los caballos. 


La casa de hacienda está planteada para propiciar actividades sociales más que para pernoctar, de tal forma que en el espacio principal, ubicado en el centro de la composición arquitectónica, se halla la sala, el comedor y una generosa área de estancia con vista hacia el corral de los caballos. En los costados derecho e izquierdo del área central se han dispuesto seis pesebreras a cada lado para los equinos. Una cubierta de teja con un pronunciado alero marca el trayecto para llegar al área central, de manera que en su recorrido todos los visitantes podrán admirar los caballos hasta llegar a la estancia. Ésta disposición volumétrica y espacial ha recreado una discreta armonía entre los dos escenarios y los dos tipos de usuario.



La estrecha vinculación del interior con el exterior es fundamental para fomentar el encuentro entre los equinos y los visitantes, situación que ha ocasionado la ocupación eventual de los amplios corredores como lugares de estancia, generalmente, para comensales. Incluso, el área central tiene disponible una acogedora terraza cubierta que recibe al visitante y que es utilizado como comedor en días soleados. 



La estructura de la edificación está hecha en su totalidad con madera de eucalipto cortada de los  árboles existentes en la hacienda, así como el ladrillo de las paredes, el tejuelo y la piedra del piso han sido utilizados para articular un lenguaje campestre y apacible en las faldas del volcán Pasochoa.

Mientras tanto, la antigua casa de hacienda tiene un carácter introspectivo, con una imponente visual hacia el paisaje campestre del Valle de los Chillos. El diseño interior del área social incorpora piezas estilo vintage que, junto con el color de las paredes y el mobiliario recrean un ambiente refinado.



En el dormitorio principal, la cama, los veladores y el mural han sido trabajados de manera exclusiva por el artista David Santillán, museólogo y restaurador. Un estilo muy particular que ratifica la pasión de los dueños por los caballos.    

En la hacienda La Montaña, la arquitectura, el paisaje y la vida ecuestre se mantienen en una constante armonía que deleita a los sentidos.