El esplendor de la Casa Gangotena


En el corazón del Centro Histórico de Quito brilla un monumento arquitectónico restaurado para el deleite de sus huéspedes y de la ciudadanía, el Hotel Boutique Casa Gangotena.

La icónica Plaza de San Francisco es el escenario ideal para apreciar una de las joyas republicanas en su máximo esplendor, la Casa Gangotena, cuya historia se remonta a los años dorados de la época republicana cuando acaudaladas familias quiteñas construyeron sus viviendas alrededor de la Plaza de San Francisco. En 1914 sufrió un calamitoso incendio que comprometió seriamente su estructura, posteriormente en 1926, la familia Gangotena se hizo cargo de la reconstrucción integral del inmueble. Para 1978, cuando la ciudad de Quito fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, la Casa Gangotena también formaba parte del inventario de casas patrimoniales. Luego de que su última ocupante falleciera, la Casa estuvo deshabitada cerca de 10 años, lo que ocasionó el deterioro en muros, entrepisos de madera y pinturas murales.

Para Pedro Jaramillo, arquitecto a cargo de la restauración de la Casa, recuperar su esplendor original fue el principal objetivo. La mansión tenía una tipología arquitectónica de cuartos estructurados en torno a una pasarela que recorría la casa en casi toda su extensión, lo que facilitó la adaptación del esquema de un hotel sin que se produzcan mayores cambios, excepto la escalera principal que, por motivos de fuerza mayor, tuvo que ser modificada, la casa no sufrió variaciones relevantes en cuanto a sus elementos arquitectónicos, incluso las fachadas fueron conservadas en su totalidad.


Uno de los mayores desafíos fue la incorporación de un sistema estructural acorde a la normativa actual, así como la conformación de todos los sistemas, redes y tecnologías que este edificio necesitaba a fin de cumplir los estándares fijados por el programa de un Hotel Boutique amigable con el medio ambiente. Otro desafío en la intervención arquitectónica fue la incorporación de un subsuelo, así como los jardines sobre el área de parqueaderos y la creación de una terraza en la tercera planta alta que permite una vista privilegiada de la Plaza de San Francisco y del Centro Histórico.
Para seleccionar los nuevos materiales se adoptó el criterio de que éstos fueran lo más cercano posible a los existentes: puertas y ventanas de madera, hierro forjado en pasamanos, papel tapiz y telas en muros. Además, se buscó potenciar los elementos decorativos existentes como los pisos taraceados, los cielos rasos de latón y las yeserías decorativas.

Se realizó un cuidadoso trabajo de acabados que permitió integrar los nuevos materiales con la arquitectura existente, a tal punto que es muy difícil determinar cuáles son las partes nuevas de la edificación y cuáles son las pre-existentes, concluye Jaramillo.

En cuanto al diseño interior, Diego Arteta comenta que se optó por un lenguaje contemporáneo que no desvincule la obra de su origen. El resultado es un Hotel Boutique de lujo presto para atender la demanda de los turistas más exigentes.
En cuanto al diseño interior, se optó por un lenguaje contemporáneo que no desvincule la obra de su origen. El resultado es un Hotel Boutique de lujo presto para atender la demanda de los turistas más exigentes.


Un cuidadoso trabajo de acabados permitió integrar los nuevos materiales con la arquitectura existente, a tal punto que es muy difícil determinar cuáles son las partes nuevas de la edificación y cuáles son las pre-existentes.


La mansión tenía una tipología arquitectónica de cuartos estructurados en torno a una pasarela que recorría la casa en casi toda su extensión, lo que facilitó la adaptación del esquema de un hotel sin que se produzcan mayores cambios, excepto la escalera principal.


Desde el baño, en mármol blanco y rico en detalles, una vista espectacular del Centro Histórico.




Por Gabriela Segovia S. Producción: Andrea Eastman. Fotos: Soledad Rosales