31 AÑOS DE HISTORIAS ¡Y de grandes personajes!

Ellos han sido parte de nuestro recorrido

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Por: María José Troya C. / Fotos: Joshua Degel (GYE) y Pablo Rodríguez (UIO)

Ellos han sido parte de nuestro recorrido: hemos contado sus historias, sus logros, su visión de vida y el compromiso que tienen con el Ecuador.

Hemos sido testigos de sus triunfos mientras llevan la bandera tricolor a lo más alto: los hemos entrevistado, han estado en nuestras portadas y nos han nutrido con sus diferentes puntos de vista. Están en la montaña, en la moda, en la gastronomía, en el arte, en el deporte y, gracias a su excelencia, son referentes de sus diferentes industrias. Hoy, los invitamos nuevamente para que nos cuenten más sobre lo que han logrado en estos años, ¿Qué han hecho? ¿Cómo viven de su actividad profesional? ¿Cómo ven al futuro del país? ¡Gracias a todos ellos, y ustedes, por celebrar y revivir nuestra historia: son 31 años de gente que le ha hecho bien al país.

ANTONIO VALENCIA

40 años. Futbolista y fundador del Club Deportivo AV25

“Llevo un mensaje positivo para la juventud: sí se puede”

Cuéntanos, ¿cómo han sido estos últimos 30 años de tu carrera?

Tengo 40 años y, hace 30, estaba en mi pueblo, en mi casa, en Lago Agrio, jugando todas las tardes con mis amigos, ayudando a mis papás los sábados y domingos; y recogiendo botellas en los pueblos. A los 12 años, ya me metí de lleno al fútbol con la selección de Sucumbíos. Comenzamos a jugar torneos, hasta los 15 años estuve en Lago Agrio. Después, ya me escapé de mi casa y vine a jugar al Nacional. Ahí, comencé en la Sub-16 -con el profesor Orlando Narváez- entrenábamos en el Sur, entonces todos los días tenía que ir desde Tumbaco hasta allá. A veces, había para los pasajes, a veces no, pero siempre llegábamos a tiempo con mi amigo Pedrito Quiñones. Fue duro el comienzo de mi carrera, no había el presupuesto, no había la manera de llevar mejor las cosas, pero había tanta ilusión de trabajar que el resultado se ha logrado. Esos recuerdos los tengo muy presentes aún.

Cuando dices “escapé de mi casa”, ¿literalmente te escapaste o ya sentías que ese era tu camino y tus papás de alguna manera te apoyaron?

No, yo realmente me escapé de mi casa. Mi papá no sabía porque si llegaba a enterarse no me hubiera dejado salir. Él tenía mucho miedo que nosotros –somos seis hermanos- salgamos de la casa sin ningún rumbo, pero yo tenía claro lo que quería hacer. Le comenté a mi mami y dijo: “bueno mijito, le doy la bendición y pa’lante.”. Me acuerdo que me fui muy triste de mi casa, pero con la ilusión y la promesa de hacer las cosas bien.

Te has convertido en una leyenda del fútbol local e internacional, sin duda alguna. Pero cuando tú miras hacia atrás y recuerdas al niño que fuiste, ¿crees que estabas destinado para esto? ¿sabías que tenías talento o lo fuiste descubriendo en el camino de la adolescencia?

No. Fui descubriéndolo en el camino. Cuando comencé en El Nacional nunca se me pasó por la cabeza irme al Villarreal o a Inglaterra o jugar por la Selección Nacional. Nunca, nunca se me pasó. Imagínate que nosotros mirábamos a la Selección como algo que no podíamos alcanzar. La primera vez que entré al estadio y miré a nuestro equipo jugando con Uruguay, cuando clasificamos la primera vez al mundial, la piel se me puso de gallina. Ahí, en mi cabeza, dije ‘yo tengo que estar aquí’. Pero antes de eso no se me pasaba que uno podía hacer una buena carrera a largo plazo. Yo no me creo leyenda. Yo me creo una persona y un buen jugador que lleva un mensaje positivo para la juventud: sí se puede.

¿Alguien te dijo, en ese camino de inicio, que no era posible?

Era lo que pasaba de alguna forma. Se iban a Europa y en seis meses regresaban. ‘No vas a tener la posibilidad. Los europeos están mejor preparados, son más disciplinados, son gente correcta, gente que trabaja duro, no lo van a conseguir’, son cosas que uno oía en el camino. Pero cuando estás ahí, lo que quieres es llevar un mensaje a la juventud y decir sí se puede, sí se pueden lograr cosas grandes.

Y, ahora, viendo este recorrido de estos 30 - 31 años de carrera, justamente como los años de nuestra revista, ¿cómo analizas la industria?

La verdad ha mejorado. Me esperaba que Ecuador estuviera ya en otro nivel, pero en algunos aspectos estamos aún atrasados. Sin embargo, también hay que resaltar el trabajo que hacen equipos como el Independiente del Valle. Es un trabajo maravilloso, no solamente en la parte futbolística, sino en la educación con escuelas, colegio y una formación integral para lo deportivo. Tiene buena misión, tiene buena alimentación, idiomas y eso abre las posibilidades… Mushuc Runa también lo hace muy bien así como Orense. Se espera entonces que, equipos históricos, logren lo mismo porque si los chicos no tienen las condiciones no va a ser tan sencillo.

Esperemos que el fútbol en Ecuador vaya cambiando. Antes íbamos a jugar con Uruguay o Paraguay y la gente ya anticipaba la pérdida. Pero ahora tú miras que Ecuador juega con cualquier selección de igual y igual. Los chicos ahora están en grandes equipos como el Chelsea o el Arsenal. Entonces Ecuador ha ido dando pasos importantes, pero esperamos que mejore más aún.

¿Cuál es tu pronóstico para el Mundial que se avecina?

Haremos un gran papel. Veo jugar al ‘Niño Moy’ y también se me pone la piel de gallina. Tenemos aún un poco de tiempo para consolidar algunas cosas. Sé que lo harán porque el equipo es muy bueno. Tengo fe en que las cosas saldrán como esperamos.

CRISTINA RODAS

59 años

Actriz, directora teatral y gestora cultural

"Hay sueños que no soñé y son maravillosos"


¿Cuántos años llevas en el teatro y en la gestión cultural, en general?

Como 36 años. Lo calculo de acuerdo a la edad de mi hija, ella tiene 32. Cierto es que tuve un periodo de 10 años en los que no me dediqué al arte, sino a la comunicación y no hice nada de teatro. En ese periodo, estuve en varios canales; actuando, frente a las cámaras, pero en diferentes espacios…

¿Cómo han sido estas últimas tres décadas frente al arte y sus desafíos?

¡Uy!, con muchos desafíos. Pero la verdad es que tengo que ser muy agradecida porque mi vida en el teatro, en estos últimos años, en estos últimos 20, sobre todo, han estado llenos de alegrías. Antes, cuando recién empecé, o sea, hace más de 30 años, para mí era mucho más duro, más difícil, aunque siempre gocé del favor del público. Te puedo decir que siempre me fue bien: desde mi primera obra, que fue Las brujas de Salem, siempre el teatro estuvo lleno. Luego cuando hice Spaghetti , Sueños de un seductor, entre tantas otras, la sala tenía éxito.

¿A qué crees que se debe? ¿Crees que tal vez la televisión o los otros medios en los que has estado han ayudado a posicionar más tu rostro, tu presencia, tus personajes?

Supongo que sí habrá ayudado el tiempo que yo he pasado en televisión y en las pantallas, pero ante todo creo que son los títulos que he hecho que han tenido un buen boca a boca. Esa es la única publicidad realmente que funciona al 100%. Si eso no pasó, no te hagas lío culpando al publicista, culpando a esto o a lo otro. ¡No! si a la gente no le gustó la obra, humildemente hay que aceptarlo.

En estos 30 años, ¿cómo sientes que se ha desarrollado la industria teatral?

Imagínate que se ha desarrollado tanto que ahora hay muchos más teatros; incluso como este en el que estamos y que tiene capacidad para 500 personas ¡y se llena!. Tenemos muchos más actores y más talento. Se han ido formando dramaturgos, directores, pero no al ritmo que quisiéramos. Sí, hemos crecido, pero la obra de teatro como tal, la obra pequeña, la obra de cuatro o cinco actores, ha bajado un poco su nivel de público. ¿Qué es lo que ha subido? El público que quiere ver espectáculos escénicos, más shows.

Los actores que nos dedicamos al teatro -en el estado más puro, por decirlo así- tenemos un reto muy grande porque tenemos que hacer cosas que compitan con el espectáculo y tenemos que hacerlo bien. Hay un factor del que yo sí debo hablar y es que estamos cumpliendo 20 años con nuestras salas de El Teatro.

Justamente, estas salas de El Teatro deben haber sido también una gran palanca para impulsar a la gente a ser parte del arte. Ya sea sobre las tablas o como espectadores...

Así es. El teatro se merece dignidad, comodidad para el espectador y también para el artista, que se sienta cómodo de no salir y caerse, que haya la luz adecuada, los micrófonos, cosas que a veces parecerían pequeñas, pero que forman realmente la comunidad artística. Es súper importante. Mira que una de las cosas que me plantee cuando abrí el teatro del CCI es que las salas tenían que lograr que el artista se sienta realmente una estrella. Y es que el artista tiene que ser tratado como un ser sensible, que está trabajando con la estética y que es un profesional de tan alto grado como cualquier otro. Y debe tener un bonito camerino, con todo limpio y ser tratado con amabilidad y cariño.

Se necesita un buen músculo financiero…

Sí, para que esto mejore se ha necesitado hacer mucha inversión. Te tengo que decir que es un mecenazgo que nosotros hemos tenido –para las salas- y obviamente tiene que ser sustentable. Porque no es sólo montar la obra: se necesita de infraestructura y visión. Hay que elegir obras de calidad, atractivas para el público, también obras que sean comerciales que no pierdan esencia. Yo he tenido grandes éxitos de taquilla en los que he ganado súper bien, he pagado súper bien, he pagado los derechos de autor y todos hemos salido felices y contentos. Pero porque han sido éxitos de taquilla. Un ejemplo de eso es Toc Toc.

¿Qué has aprendido en estos 30 años justamente de la elección de las obras?

Mira, yo he desarrollado mucho ojo desde el principio. La razón es que todas las obras que yo he montado, las he visto antes en otros países. He sido público y he podido ver y decir, ‘¡Uy, esto no funcionaría jamás en Quito!’ O ‘esto funcionaría súper bien’.

¿Qué funciona en Ecuador?

Fundamentalmente, funciona el humor. Supongo que en el país de los cachos se necesita comedia. Yo quisiera que seamos un público más reflexivo, que podamos ver distintas cosas. Pero ahí está la cosa, saber poner buena comedia y elegir buenos textos. Líneas con las que te vas a hacer reír, pero vas también a generar reflexión.

En estos 30 años, además, ¿qué otros aprendizajes te llevas?¿Qué más nos falta por hacer para que de verdad el Ecuador empiece a sostenerse desde el área cultural?

A nivel de las artes escénicas, yo te diría que hace falta el conjunto de todo; es decir, necesitamos formación para actores, actrices, para dramaturgos, para directores. Aquí todo el mundo se declara actor. Tienes 4 mil seguidores en Instagram o Tik Tok y ya se creen actores. Hay que profesionalizarse. Pero tampoco es que hay muchas escuelas. Entonces es todo un círculo, ¿no?. Sin embargo, para aprender del oficio hay que ser espectador. Yo me he dado cuenta que el artista casi nunca consume arte. Eso es para otra conversación (risas).

¿Soñaste con estos teatros?

¡Para nada! Yo jamás en mi vida soñé con esto. Hay muchos sueños que no se me han cumplido, pero otros que no soñé y que son maravillosos. Este es un gran ejemplo de ello.

GUSTAVO MOSCOSO

47 años
Diseñador de Moda

“Son 31 años de delicias porque esta etapa ha sido un postre…”

¿Cómo era tu vida hace 31 años?

Estaba por irme a estudiar en Boston, en el internado Cushing Academy. Era el año en el que yo estaba soñando con el futuro. Había tenido un año difícil en 1994 porque me cambié de colegio; había perdido el año. Era una academia semi-militar, pero yo quería ir. Yo estaba como en ese primer sueño de a dónde ir o qué hacer con mi vida, pero con esa ingenuidad de muchachito de pueblo. Porque es la verdad: soy un hombre de pueblo. Soy de Cuenca. No tenía nada claro. Me gustaba la moda, pero desde el punto de vista de ser consumidor. Esta pregunta me ha hecho pensar y recordar esa etapa.

¿Cómo empezó a bajar ese sueño a la realidad hasta formarte como diseñador?

Fue en el último año del internado donde hubo un acontecimiento en mi vida y en la de mi familia que nos marcaría para siempre: la muerte de mi padre en el año 97. Ahí fue cuando tuve que regresar de Boston y ponerme a trabajar en su empresa. Eso hizo que mi perspectiva cambie tanto como mis planes... Fue un rompimiento muy fuerte, muy abrupto. Pienso que desde ahí, desde esa situación durísima, el haber sido arrancado de mi familia a los 16 años para ir a un internado -aunque haya sido mi propio sueño- igual fue un arranque. Y después de eso, que mi padre haya muerto. Esas fueron dos cosas que formaron en mi vida y mi futuro.

¿Qué hacías en la empresa de tu papá cuando volviste a Ecuador?

Regresé porque no me quedo de otra, por decirlo de alguna manera. Me puse a trabajar en su empresa, que era una distribuidora textil. Él había trabajado en telas su vida entera. Regresé no a seguir con su legado, sino a acabarlo. Yo quebré la empresa de mi padre. A él le duró 85 años y a mí me duró 10. Siento que ahora le agradezco a la vida esa situación, por más dura que sea, pienso que me ayudó a tener una visión de negocio con la que he formado mi marca.

¿Qué fue lo que pasó con la empresa?

Yo no estaba queriendo satisfacer la necesidad de mis clientes, sino la mía propia. Entonces empecé a hacer cambios dentro de la empresa, decoración, cambio de piso, renovación de mobiliario, y mis clientes no lo entendieron, y se fueron todos. Quebré una empresa que le dio todo a mi padre y a mi abuelo, y aprendí mi lección. Es de ahí de donde nació Gustavo Moscoso, porque aquella primera colección que hice, que se llamaba Envy, salió de las telas de ese almacén. Yo trataba de atraer de nuevo a los clientes, entonces se me ocurrió hacer un desfile de modas, pero no porque me gustaba la moda, solo porque pensé: ‘ok, hagamos algo creativo para que la gente venga y vea; seguro así vuelven’. Y fue el diario El Mercurio que puso el titular: ‘Gustavo Moscoso, diseñador Revelación.’ Y yo, mal estudiante, perdido dos años, sin universidad, con mi papá muerto, me dije, ‘Cholito, o te trepas en este vagón o se te va el tren’. Y ahí me subí. Y aquí estamos, 25 años después.

Años después, con todos sus bemoles, lo que tú cuentas tiene un buen final para ti; pudo ser mucho peor.

Totalmente, totalmente. Y más aún en el contexto cuencano. Yo trato de contar esto porque al final no deja de ser importante que la gente sepa que aunque las cosas se ponen mal en muchas ocasiones, si te pones las pilas y te gusta trabajar, puedes salir adelante. A lo mejor va a ser en algo distinto, como lo que me pasó a mí, que no continué con el negocio de mi papá como él lo tenía, pero lo transformé, lo migré, lo muté, lo cambié.

La moda además no era un tema relevante para Ecuador en ese momento, como lo está haciendo ahora y tú eres uno de los grandes diseñadores que han abierto la escena…

Sí, total. O sea, la verdad es que en ese momento mi familia no vio eso. En ese momento hubo mucho acribillamiento y mucha preocupación. Quizá pensaron que yo hubiera podido salvar a esa empresa. Sin embargo, fue la muerte de mi padre y de toda su plataforma la que dio paso a mi vida y a mi marca. Caso contrario, yo seguiría en el escritorio de mi viejo tratando de ser él.

Estas tres décadas, ¿cómo has cambiado en lo personal?

Estos años han sido años en los que he aprendido a permitir que el café se enfríe, a pasar de ser una persona reactiva a ser una persona más reflexiva. Justo ahora he estado en un proceso de limpiar mails que tengo guardados de hace 18 años para acá. Y ha sido tan enriquecedor ver cómo una persona que no fue una promesa para nadie, encontró la pasión, lo que me movía, y me di cuenta que era una cuestión de tiempo y de encontrarme a mi mismo. Son 31 años de delicias porque esta etapa ha sido un postre; por más que haya tenido por ahí unas pepitas amargas -y las he pasado duras y negras- he encontrado lo que amo, y eso ha hecho que todo tenga más sentido.

¿Cómo ves, en estos 31 años, la evolución de tu industria en Ecuador?

Ojalá sería más grande de lo que podemos analizar, pero evidentemente también ha cambiado, no hay que ser tan negativos. Yo veo que hace algunos años se sembró una buena semilla y hay buenos árboles con buenos frutos y también veo que vienen unos nuevos talentos espectaculares. Hay nuevas marcas, jóvenes que no necesariamente están involucrados en el mundo del diseño, sino que han creado sus marcas. Marcas de t-shirts, de hoodies, de shorts. Ahora la gente ve con buenos ojos tanto la moda local como la internacional. Siento que ya llegamos a ponernos en equilibrio, estamos compitiendo bien. Falta que los diseñadores nos preparemos año a año para una plataforma en la cual nosotros podamos ser los actores, tener desfiles, happenings, y tantas vitrinas para demostrar lo que hacemos…

IVÁN VALLEJO

66 años

Montañista

“La montaña ha sido una enseñanza constante”

Acabas de cumplir 66 años, Iván. Estamos celebrando 31 años de COSAS y queremos saber ¿cómo han sido para ti estas últimas tres décadas?.

Han sido determinantes para cumplir tantos retos personales y también llevar el nombre del Ecuador a lo más más alto del mundo. Como soy de escribir, me puse a escribir. Ya he publicado mis libros y hay otros que están por llegar. En la parte deportiva, hay un evento muy importante que fue cuando cumplí cuarenta y ocho años: acabé mi gran proyecto de los 14 ocho miles. Y ese es el más grande que he hecho de manera deportiva por todo lo que significó.

El año 2020 también fue muy relevante…

Sí, tuve la suerte de cumplir otro gran sueño importantísimo. En algún momento creí que no era posible. Yo me equivoqué de profesión y estudié Ingeniería Química en la Escuela Politécnica Nacional; pero pasado el tiempo pensé que lo que debía haber estudiado era Psicología, y dije, ‘qué pena, ya nunca estudié’. En algún momento intenté hacerlo en una universidad de aquí, pero no resultó. Así que, como el universo es perfecto, a través de un queridísimo amigo mío, me llegó una información de una universidad en Argentina, que brinda una maestría, aunque no seas psicólogo. Así que pude estudiar Psicología Transpersonal. Ha sido algo maravilloso. Desde el plano académico, eso ha sido realmente extraordinario para mí. Lo digo con mucha alegría, con mucha satisfacción. Soy hombre de retos, de buscar desacomodarme, porque los retos siempre te llevan a eso. Siempre te preguntas si será que se puede, si valdrá, si se podrá. Y, gracias a otro amigo empresario, al que lo llevé al Cotopaxi, pude conocer otra actividad que me ha apasionado estos años. Fue él quien me animó a bucear. Otro sueño que he cumplido sin saber que lo tenía.

Y ahora que has entrado a la ‘tercera edad’ ¿cómo te sientes?

Ha sido un periodo muy chévere para mí. Comencé mi crecimiento personal en el año 2000, y continué todo el tiempo, porque este trabajo con el ser interior, este trabajo de ir curándole al ego, es súper profundo. Y creo que como la parte más sustancial ha sido estudiar Psicología, porque también en clases se preocupan de uno, lo cual me parece lógico. ¿Cómo le vas a sanar a otra persona si tú tienes todavía tus demonios sin resolver? ¿Cómo le puedo hablar a una tercera persona de perdón si yo tengo aquí todo un rollo de cosas que no me he perdonado en el pasado? Mi crecimiento personal ha sido muy fuerte en esta etapa.

Empezaste a subir montañas a los 12 años. ¿Sientes que el montañismo ha crecido o se ha profesionalizado?

El año 95-96 cuando COSAS inició en el Ecuador, fueron para mi años importantísimos, porque fue ahí cuando yo llegué a conocer el Everest. Y, es cuando me prometí para el año 99 o 2000 llegar a su cima. El año 96 fue mi primer año de entrenamiento: fui al Himalaya preparándome para mi gran sueño. Entonces, cuando ustedes estaban naciendo, yo también estaba naciendo con mi primer gran proyecto en el Himalaya. Ahora, todo es diferente. Hay una asociación consolidada que brinda servicios profesionales y gente comprometida con la naturaleza y el montañismo. Además, la gente en el año 2020 también se volcó a descubrir la vida natural y eso siempre será bueno si es que se consigue un equilibrio.

¿Cómo ves al Iván de hace 30 años?

La presencia de las canas tiene que justificarse. He caminado, he ido corrigiendo mis errores, he aprendido más cosas de la vida. Lo que importa es finalmente cuál es mi actitud, cómo me siento, cómo me muevo por el mundo. Hago la fila de tercera edad, muestro mi cédula sin miedo alguno porque no siento que esté viejo, no me veo como tal; siento que estoy lleno de vida y eso es lo que quiero compartir. Estoy a punto de lanzar mi tercer libro y me da mucho gusto de seguir produciendo; para fin de año habrá otro más y quiero agradecer, con ellos, todo lo que he recibido de la vida. Tengo un par de expediciones listas y con esas confirmo que la montaña es mi pasión, que en ellas hay siempre una enseñanza de vida y, gracias a ellas, me he mantenido joven.

JUAN JOSÉ MORÁN

37 años

Chef y propietario de Casual y Brisa

“No cambiaría nada porque uno cambia en el camino”

¿Cuéntanos de tu nuevo proyecto?

Es Casual, mi panadería que ya está lista. Pero tengo aún mi marca de pizzas congeladas, Morán Artisan Kitchen y el catering de La Pizarra. Cumplimos con COSAS 31 años de publicaciones.

¿Con qué estabas soñando tú hace 31 años?

Mi carrera comenzó desde muy pequeño. Mi amor por la gastronomía inició justo cuando yo tenía unos 7 años. Antes de salir del colegio, yo ayudaba a mi mamá en el catering. ¡Es chistoso cómo la vida da vueltas!. Yo en ese momento nunca pensé en trabajar en catering.

¿Por qué?

Quería tener un restaurante high-end. Y ahorita amo el catering. Creo que cada etapa de la vida de un cocinero va cambiando. En 31 años, he visto cómo ha evolucionado la gastronomía muchísimo y nosotros con ella. Hoy estamos más fuertes que nunca con las propuestas gastronómicas del país: hay referentes como Nuema, Quitu, Somos, en Estados Unidos, con la Chef Caro en España, entre otras. Hay tantas propuestas increíbles de chicos ecuatorianos apostándole a, de cierta manera, no necesesariamente todo con producto ecuatoriano, pero con una identidad local. Y eso para mí ha sido súper palpable, porque yo he estado en esta industria desde tanto tiempo que he visto cómo cambia año a año.

Hablas de esta evolución y tú también has sido uno de los referentes culinarios que ha sacado nuestra comida a la luz a otro nivel…

¡Gracias! Lo local tiene mucho peso ahora, y eso es lo que nos hacía falta: darnos cuenta de lo que tenemos para saber qué vender. Sin embargo, tú también te estás transformando empresarialmente a otro segmento con panadería, pero cierras tu ciclo en Olón. Creo que Ecuador sigue siendo un país pequeño, en el sentido de que hay ciudades grandes, pero hay también lugares que necesitan atención urgente porque no están desarrollados. Nosotros si bien sí quisimos apostarle a eso, por salir de lo convencional, por tener la cercanía con el producto y todo, sabíamos que estábamos remando en contra de la corriente, sabíamos que era una locura, pero funcionó por mucho tiempo. Sí, siento que lamentablemente son facturas ajenas, pero en algún momento se tiene que evolucionar. La gente siempre pone el ejemplo de Perú, pero ellos no lo hicieron de la noche a la mañana. Es sin, duda, un trabajo más allá de la cocina, le pertenece también al consumidor, porque tiene que sentirse orgulloso de la comida cotidiana para que esto pueda ir en la misma dirección. Hay que apoyar, entender y probar. Hay que investigar, estudiar, ir más allá de lo que es la cocina...

Y los cocineros también deben entender al mercado…

Correcto. Muchas veces esa propuesta también hace falta. Esa propuesta que sea del día a día, obviamente un poco más elevada, pero de una manera casual, en un entorno más relajado, de una forma mucho más fácil de entender. Es algo que incluso, años atrás estuve a punto de hacerlo. Porque uno empieza a dudar un poco: ‘¿será que mi talento aquí no es bien apreciado, quizás afuera lo van a apreciar mejor?’, y comienzas a poner muchas cosas en tu cabeza, pero yo dije, siento que aquí sí se pueden hacer cosas, siento que simplemente hay que trabajar más. Y así lo hemos venido haciendo.

¿Cuáles han sido los hitos que han marcado tu carrera en estos años?

En mi vida estudiantil tuve la suerte de ganar un concurso en la universidad, y gracias a ese concurso me pude ir a trabajar a la Antártida; luego tuve la oportunidad de trabajar en Carondelet por tres años, como sous chef del presidente, he pasado por cocinas súper chéveres como la de Rodrigo Pacheco, he tenido la oportunidad de representar al Ecuador en diferentes actividades fuera del país, como en España, he hecho asesorías en Tailandia, tuve la oportunidad de abrirme mi propio restaurante La Pizarra, que fue mi primer emprendimiento, luego abrí Brisa, Morán Artisan Kitchen, La Clandestina y ahora Casual. A la par, hago asesorías, he sido invitado muchas veces a Masterchef, entre otros retos maravillosos. Soy súper agradecido por esta carrera que me ha hecho conocer el mundo de una manera que nunca pensé.

Y si retrocedemos, ¿se te pasaba por la cabeza llegar a donde estás ahora?

Sí. Yo soy súper terco, soy decidido. Yo tenía muy claro lo que quería y sabía que había que entregarlo todo para tener resultados. Siento que todas las cosas se dieron por algo. Abrí mi restaurante muy joven y sin experiencia y fue precisamente lo que me ayudó. No me encasillé en algo y fui mucho más libre al momento de crear mi propio concepto. No cambiaría nada de lo que hecho porque uno mismo va cambiando en el camino.

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