¡En Exclusiva! La Chef Carolina Sánchez

"No se puede sentir más amor que este"

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Por: María José Troya C. / Fotos: Cortesía

La chef más querida del Ecuador se acaba de convertir en madre. Alaia, nombre vasco que significa alegría, ha venido justamente ha llenar con ese espíritu la vida de sus padres, Carolina e Iñaki. En esta entrevista, mientras están disfrutando de esta nueva vida desde Logroño, España, conversamos sobre los retos de la maternidad, las anécdotas de su llegada, los planes hacia el futuro y, por supuesto, los retos que eso supone.

Nos conectamos a las 12 del día de Ecuador, siete de la noche en España. Carolina acabó de darle de comer a su pequeña que ahora hace su siesta. Dice que está algo cansada, pero luce radiante; tiene ese glow del que tanto se habla y que es gracias a la felicidad por la llegada de un bebé; ese brillo va mucho más allá de las malas noches o de los periodos de adaptación.

La sonrisa, en toda la entrevista, no se va del rostro de la ‘chef Caro’. Alaia ha venido a llenarlo todo, a ser esa promesa que ni siquiera sus padres se imaginaban que iba a cumplir en sus vidas. Nació el pasado 26 de diciembre con 3 kilos y noventa gramos. El 25 de ese mes fue su última Navidad como una familia de dos, para ahora empezar el maravilloso periplo de compartir la vida con esta niña que ya lo representa todo. Ha sido el mejor regalo que han recibido.

Caro, ¿cómo han sido estos primeros meses? Entre la adaptación, las rutinas, los cambios y las emociones a flor de piel…

Han sido meses de muchos cambios. Pero estuve y estoy súper arropada de amor. Aquí estuvo mi familia, mis padres, mi sobrino, obviamente los padres de Iñaki… todos ellos listos para darnos mucho amor y apoyo. Yo creo que sí hubiera sido más difícil todo si hubiéramos estado solos, pero no es el caso.

Los primeros días fueron una locura: los horarios, las hormonas, los cambios ¡en todos los sentidos!. Incluso en el hecho de que ya te dan a la bebé y dices, ¿y ahora qué hago? (risas). Pero me trataron de maravilla también en el hospital.

¿Estuviste en un hospital público o privado?

En el público. Y, eso, también te pone a pensar en otros aspectos de la salud. Aquí todos me decían, “tienes que darle en público sí o sí”. Y es porque están bien abastecidos, con quirófanos, con todo para emergencias, con los mejores profesionales… Incluso, recuerdo que cuando nació Alaia yo estaba acompañada de 10 mujeres -solo mujeres- en el quirófano, y realmente todas me mimaron, me hicieron sentir cómoda, segura, confiada en este proceso tan único. Realmente fue una experiencia tan linda, te juro. Y luego ya en los días posteriores (estuve cuatro días allí porque estaban esperando a que la nena cogiera el peso necesario), ese cariño fue muy lindo porque vino con consejos y mucho soporte.

¿Y la familia?, ¿Iñaki?
¡Uy! Ni se diga. Mi mami, mi suegra, todos muy pendientes y ayudadores. Iñaki tuvo la mala suerte de contagiarse de influenza así que obviamente no podía estar conmigo ni la bebé en el hospital. Fue una pena tremenda, pero vino mi mami y realmente fue súper lindo también tenerla tan cerca. Como fue cesárea y no me podía levantar, ella me pasaba a Alaia para darle de comer; compartir con ella ha sido una verdadera bendición. Luego, mi suegra me cuidaba durante el día, mientras mi mami se iba a dormir en la casa. Estuve cuidadísima.

Y para quienes seguimos tu embarazo desde la Tv, vimos que saliste antes del final de Masterchef Ecuador justamente porque ya ibas a dar a luz…

¡Sí! Volví a España y me mandaron a hacer reposo los dos últimos meses. Ya no volví ni al restaurante porque querían que esté quietita; pensaban que mi hija iba a estar bajita de peso, pero nació ¡de tres kilos noventa gramos! y eso fue una gran noticia. Esos primeros días fueron increíbles, pero mi mami me enseñó tanto: sobre el baño, la lactancia, cómo cargarle…

Mencionas mucho a la ayuda que has recibido, pero también imagino que afloró en ti ese instinto maternal…

¡Claro! Eso va aflorando poco a poco. Había cosas que me fueron enseñando. Luego ya una sabe qué es lo que le pasa cuando llora, si es el pañal, hambre; una va conectándose y conociéndose poco a poco…

Hemos conversado en muchas ocasiones y hemos hablado de la maternidad y, si bien decías que querías ser madre, no lo tenían ‘en agenda’. Era como su sueño de pareja, pero sin fecha.

Sí, tal cual. Hace dos años dijimos ‘vamos a intentar’. Y así lo hicimos, pero al final vimos que no era posible y acudimos a un tratamiento de fertilidad. Porque al final yo estoy por cumplir 41 años y es normal que a esta edad los óvulos no son lo que eran. La primera que intentamos no funcionó y la segunda sí. Fue una cosa espectacular, porque no me veían tantas posibilidades, pero yo tenía fe y también dije ‘si tiene que ser, será’ ¡y se dio!. Una bendición completa.

¿Nunca congelaste tus óvulos?

No, la verdad es que no. Y sí que me arrepiento. Como en España la gente tiene hijos más tarde, pensé que yo tampoco tendría problemas e iba a poder cuando yo quisiera, pero no es así. Yo recomiendo a mis amigas o mujeres que son menores a mi, que si tienen la posibilidad de hacerlo, congelen sus óvulos. Nunca se sabe. Tengo además, muchas amigas que lo han logrado con fecundación in vitro y es bueno saber que hay soluciones.

Mucha gente tiene temor de hablar de estos tratamientos. Vemos que la mujer ha diferido la maternidad por la carrera, por los estudios, por otros proyectos… y otras simplemente no tienen ‘ese llamado’. ¿Cómo fue en tu caso?

Nosotros siempre lo tuvimos clarísimo que queríamos ser padres, pero más que nada fue el hecho que no veíamos el momento. Siempre había algo en agenda y teníamos que planificar hasta en qué meses ya sea por el tema de Masterchef, de las visitas a Ecuador, del restaurante, etc. Entonces fuimos retrasando y cuan- do quisimos no fue tan fácil. Pero sí, el tema también es que no es una conversación tan abierta y cada vez hay más mujeres que tienen más problemas. Antes no se escuchaba tanto sobre estas alternati- vas, pero lo bueno es que las hay.

¿Fue un buen embarazo? (En el sentido de estragos o molestias)

Fue bellísimo. Yo me lo disfruté muchísimo, una etapa linda. Muchas mujeres no aguantan los estragos o la panza, pero lo mío fue increíble. Me encantaría vivir eso nuevamente.

¿Y ahora qué es lo que más te ha costado?

La lactancia. ¡La lactancia! Yo les preguntaba a mis amigas ¡hasta cuándo es este dolor! (risas). Tuve la suerte de tener bastante leche, pero sí me dolía muchísimo. Las malas noches también, en los primeros días. Pero Alaia, desde la segunda semana, ya se despertaba solo dos veces en la noche. Imagínate que, este rato, que tiene cuatro meses, y ella ya duerme doce horas de corrido. Soy la persona más feliz porque duermo. Y después, tal vez viene la cuestión de organización porque es la nena, la casa, el restaurante. Yo volví a trabajar al mes y medio de lo que ella nació porque me necesitaban en Ikaro y tuve que reincorporarme. Voy desde el medio día hasta las 5 ó 6. Se queda luego con mi suegra, sí me ha costado mucho separarme de mi bebé, pero voy aprendiendo poco a poco. Y cuando estoy con ella le gozo. Trabajo de miércoles a domingo y eso también me da tiempo para estar con ella.

Y con Iñaki, ¿ha cambiado la dinámica?

Eso sí que ha cambiado. Yo me quedo con la nena en la mañana, le llevo al restaurante caminando en el coche y así hago algo de ejercicio, y luego mi suegra se la lleva y cuando volvemos en la noche le bañamos juntos, le hacemos jugar, hasta que llega su hora de dormir y eso lo hace Iñaki porque es su momento con ella. Está dichoso con su hija y nos turnamos… Yo sabía que él era ‘guagüero’, pero nunca le he visto así, le está gozando a su niña.

¿Cómo ha sido para ti? Se siente como hablar con otra Caro…

Sí, totalmente. Es otro amor que no me imaginaba. Es como enamorarte por primera vez. Le doy de comer y me mira y se me cae la baba (risas). No se puede sentir más amor que este. Sentir que te habla, que te conoce, verla reír, llorar, y acordarte que estuvo en tu pancita es algo que conmueve.

Me contabas, fuera de la cámara, sobre el bautizo de Alaia y que vienen a Ecuador para celebrarlo…

¡Sí! Será en Cuenca. Los padrinos van a ser mis hermanos y el hermano de Iñaki. Ella es la primera niña de la familia: mis sobrinos son varones y donde mi esposo no hay nietos así que es la niña de los ojos de todos. Mis suegros no van a estar, pero vamos a hacer como fue mi matrimonio: la iglesia en Ecuador y en España otra celebración.

¿Cómo va a ser la Caro en la cocina ahora que es madre?

Yo creo que siempre seré detallista y exigente. Yo amo la cocina, pero ahora es más complejo dividir los tiempos hasta que ella pueda ir a su escuelita, pero estaré con el mismo profesionalismo, creciendo en la parte de negocios, pero con mucha más sensibilidad, con una mirada diferente hacia la vida y a través de mi cocina.

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