La tendencia demócrata en Estados Unidos

Los demócratas arrasaron con las elecciones de medio mandato

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Redacción: Cosas / Foto: Gina For Texas vía Instagram

Las elecciones de medio mandato del pasado 3 de noviembre mostraron un cambio significativo en el mapa político estadounidense. Los demócratas recuperaron el control del Congreso y consiguieron victorias incluso en territorios históricamente republicanos. Texas protagonizó uno de los giros más destacados de la jornada.

Dos años después del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, los estadounidenses volvieron a las urnas. Esta vez, la presidencia no estaba en juego, pero sí una parte fundamental del poder que permite gobernar: el Congreso.

Los resultados de las elecciones de medio mandato de 2026 dieron a los demócratas el control de la Cámara de Representantes y del Senado. El avance alcanzó también a estados que habían respaldado a Trump en 2024, ampliando el significado de una jornada que modifica el escenario para el resto de su presidencia.

Para entender la dimensión de este cambio —y por qué Texas concentra tantas miradas— conviene empezar por cómo funcionan estas elecciones.

¿Qué se elige a mitad del mandato?

En Estados Unidos, las elecciones presidenciales se celebran cada cuatro años. Entre una y otra tienen lugar las elecciones de medio mandato, conocidas como midterms, en las que los ciudadanos deciden quiénes ocuparán los escaños que se renuevan en el Congreso.

El Congreso tiene dos cámaras. La Cámara de Representantes cuenta con 435 miembros, cuyos mandatos duran dos años; por eso, todos sus escaños se someten a votación en cada elección legislativa. El Senado está compuesto por 100 integrantes, dos por estado, que ejercen durante seis años. Sus períodos están escalonados, de manera que aproximadamente un tercio se renueva cada dos años.

En la misma jornada también pueden elegirse gobernadores, legisladores estatales y otras autoridades, según el calendario de cada estado. Son contiendas distintas que coinciden en una fecha y que, juntas, ofrecen una imagen del clima político del país. Así, un ciudadano de Texas podía votar por un candidato al Senado federal, por su representante en Washington y por quien gobernaría su estado. Cada decisión tiene consecuencias propias.

Por qué importa controlar el Congreso

La presidencia concentra buena parte de la atención internacional, pero el Congreso participa en decisiones esenciales: aprobar leyes, autorizar fondos y supervisar al Ejecutivo. Contar con mayorías afines facilita que un presidente impulse su programa. Cuando la oposición controla ambas cámaras, la negociación adquiere más peso y la agenda de la Casa Blanca encuentra mayores obstáculos.

El resultado de noviembre no termina con el mandato de Trump. Sí cambia las condiciones políticas en las que ejercerá sus dos años restantes. La nueva composición del Congreso abre espacio para una fiscalización más intensa y obliga a buscar acuerdos para sacar adelante legislación. Por eso, las elecciones de medio mandato suelen interpretarse también como una evaluación del Gobierno. Aunque el nombre del presidente no aparezca en la papeleta, su gestión forma parte de lo que los ciudadanos consideran al votar.

Texas: el resultado que rompe décadas de dominio republicano

Entre las victorias demócratas, Texas destaca por su historia reciente. Durante más de tres décadas, los republicanos habían mantenido una continuidad electoral que convertía al estado en uno de sus grandes bastiones. La jornada del 3 de noviembre alteró ese panorama. Gina Hinojosa derrotó a Greg Abbott en la elección para gobernador y James Talarico venció a Ken Paxton en la contienda por el Senado federal. Hinojosa será la primera gobernadora demócrata desde Ann Richards, quien perdió su reelección en 1994, y la primera mujer latina en ocupar el cargo.

En el Senado, el antecedente es todavía más lejano: ningún demócrata había ganado una elección por Texas para esa cámara desde 1988. La victoria de Talarico rompe esa racha. Hay otra razón que vuelve relevantes estos triunfos: tanto la gobernación como los escaños del Senado se deciden mediante una votación en todo el estado. Ganarlos exige reunir apoyo suficiente entre el conjunto del electorado texano, más allá de una ciudad o de un distrito favorable.

De ahí el impacto de la expresión “Texas votó azul”. En estas dos contiendas, el respaldo demócrata alcanzó para superar una ventaja republicana que durante décadas había resistido distintos candidatos y campañas. Eso no convierte automáticamente a Texas en un estado de identidad demócrata permanente. Sí demuestra que su mapa electoral puede cambiar y que las victorias republicanas han dejado de parecer inevitables.

El bolsillo y el debate migratorio

El giro electoral ocurrió en un contexto de preocupación económica. El AP Voter Poll encontró que el costo de vida y la corrupción gubernamental fueron asuntos cruciales para aproximadamente la mitad de quienes votaron al Congreso. La economía y el estado de la democracia encabezaron las inquietudes del electorado. El costo de la vivienda forma parte de esa conversación cotidiana. Pagar un alquiler, comprar una propiedad o sostener los gastos del hogar influye en cómo se evalúan las promesas de estabilidad y bienestar.

La política migratoria también ha generado debate, especialmente por la actuación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, conocido como ICE. Una encuesta nacional de Marquette Law School, realizada en enero de 2026, registró que el 60 % de los adultos desaprobaba el trabajo de la agencia. Al mismo tiempo, el 56 % apoyaba deportar a personas que se encontraban en el país sin autorización, una combinación que muestra las diferencias entre respaldar una política y aprobar sus métodos. Estos antecedentes ayudan a entender el ambiente previo a la elección, aunque no permiten atribuir el resultado a una sola causa. El peso de los candidatos, las preocupaciones locales y la participación también deben formar parte del análisis.

¿Una tendencia duradera?

Las urnas muestran un avance demócrata claro. Determinar si representa una nueva afinidad política requerirá más tiempo. Votar por un candidato de la oposición puede expresar identificación con sus propuestas, descontento con el Gobierno o una combinación de ambas cosas. Además, las elecciones legislativas y presidenciales no siempre movilizan al mismo electorado.

Para los republicanos, los resultados plantean la necesidad de revisar por qué perdieron apoyo incluso en territorios favorables. Para los demócratas, la nueva mayoría trae una exigencia: responder a las preocupaciones que les permitieron ganar. Texas da una medida de la profundidad del cambio. Lo que parecía una continuidad asegurada se convirtió en una competencia que los demócratas lograron ganar. El desafío, ahora, será demostrar si ese respaldo puede sostenerse más allá de una noche electoral.

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